Santa Cecilia y la II Jornada Mundial de los Pobres celebrada el pasado 18 de noviembre me brindan la oportunidad de traer a la memoria el musical de Broadway Los Miserables. La canción final dice así: «Y recuerda la verdad que una vez se dijo: amar a otra persona es ver el rostro de Dios». A propósito recojo lo que el actual vicepresidente de la Conferencia Episcopal de Filipinas, Pablo Virgilio David, bishop Ambo, decía en las redes haciendo alusión a esta canción: «Prefiero poner esa línea del musical de esta manera: “Amar a otra persona es ser el rostro de Dios”». Invitaba a la compasión del buen samaritano por lo desgarrador que había sido ver tanta indiferencia frente al homicidio de un joven que estuvo tres horas en una vía publica sin que nadie se acercara.

Llevo tiempo queriéndoos hablar de bishop Ambo y de lo que rebosa su corazón compasivo que se estremece cada día por el grito de su pueblo. En la foto le podéis ver inaugurando una misión pastoral en un slum del barrio Pitong Gatang, en la bahía de Manila. Su diócesis de Caloocan, que pertenece a la Gran Manila, es una de las más castigadas por la campaña contra la droga del Gobierno filipino. El lema de la II Jornada Mundial de los Pobres, Este pobre gritó y el Señor lo escuchó, se hacía visible en bishop Ambo, como rostro de Dios amando con todo el corazón. Y como esa necesaria presencia que ayuda a superar la opresiva condición de los excluidos de la sociedad, mal llamados drogadictos sospechosos o criminales. Bien dice este pastor con olor a oveja que ellos son víctimas de una estrategia inducida por el Gobierno para adormecer y matar la conciencia de sus paisanos. ¿No será ésta indiferencia la espeluznante miseria de hoy? Y los miserables de nuestro tiempo, ¿quiénes?

Una mañana oraba y le preguntaba a nuestro Padre del cielo, que es quien escucha la súplica de todos los hombres: «Padre bueno: ¿cuál es “la respuesta” que hoy podrá salvar la inocencia en los corazones?». Y comprendí de nuevo: la compasión, eso es lo único que salvará nuestro mundo. ¿Te apuntas?

Belén Gómez Valcárcel
Misionera en Filipinas. Servidores del Evangelio de la Misericordia de Dios