La Iglesia que florece en el Sudeste Asiático - Alfa y Omega

Por primera vez ha tenido lugar en Vietnam la beatificación de uno de los hijos de aquella Iglesia, única por su historia de perseverancia y martirio. Hablo de la beatificación del sacerdote Francisco Javier Trung Buu Diep, asesinado en 1946 por odio a la fe. Más de 70.000 peregrinos llegados de todo el país se reunieron en el santuario de Tac Say, enclavado en el delta del Mekong. Presidió la celebración el cardenal Luis Antonio Tagle, responsable del Dicasterio para la Evangelización y otro hijo de las Iglesias florecientes del Sudeste Asiático. Concelebraron 69 obispos y más de 1.800 sacerdotes en presencia de miles de religiosos y religiosas y numerosos seminaristas. Y en lugar destacado, una cualificada representación del Gobierno de Vietnam, heredero del Viet Cong que persiguió durante años a los católicos.     

El ministerio del padre Trung Buu Diep se desarrolló en los años duros de la invasión japonesa, de la guerrilla comunista y de la vuelta del gobierno colonial francés, tras la Segunda Guerra Mundial. Visitaba con frecuencia a los ancianos, a los enfermos y ayudaba a los pobres, tanto católicos como no católicos, y por eso recibió amenazas. Él respondió: «Vivo entre mi rebaño y, si muero, moriré entre mi rebaño, no me iré a ninguna parte». 

Al hacer memoria de su testimonio, el cardenal Tagle preguntó: «¿Qué elegiremos, confiar en las riquezas terrenas o en las riquezas eternas del Reino de Jesús; confiar en las armas de la guerra o en el don de la paz de Jesús?». El florecer de la Iglesia en el Sudeste Asiático se explica por las vidas entregadas de muchos como el padre Buu Diep. Y me pregunto: ¿veremos pronto la beatificación del gran cardenal François-Xavier Nguyen Van Thuan, preso durante años en las cárceles comunistas? Muchos de los presentes se hicieron, seguramente, esta misma pregunta.