El desafío no es tecnológico sino antropológico - Alfa y Omega

Nada más comenzar su pontificado, el Papa quiso trazar un paralelismo entre el contexto que vivió su predecesor, León XIII, un período de transformaciones trascendentales y disruptivas, y el momento actual. Con la histórica encíclica Rerum novarum, el Papa Pecci quiso afrontar las consecuencias de la primera gran revolución industrial, y hoy, dijo León XIV, la Iglesia ofrece a todos su patrimonio de doctrina social para responder a otra revolución industrial y a los desarrollos de la inteligencia artificial, que comportan nuevos desafíos en la defensa de la dignidad humana, de la justicia y el trabajo. Pues bien, ya tenemos la esperada primera encíclica del Papa Prevost, Magnifica humanitas, firmada significativamente el pasado 15 de mayo, en el 135 aniversario de la promulgación de la Rerum novarum. Tendremos que entrar a fondo en ella. Es importante captar una constante en la historia, donde siempre aparecen «cosas nuevas» que desafían a la Iglesia. Ella no tiene un prontuario de respuestas precocinadas, sino que trata de alumbrarlas con el Evangelio, con la experiencia de la santidad vivida, con el bagaje de un magisterio que va desarrollándose en el tiempo con el auxilio de la gracia.

El centro de la encíclica no está en la potencia de la tecnología sino en el riesgo de la reducción sustancial de lo humano, algo que ya denunciaba Juan Pablo II mucho antes de que la IA se colara incluso en nuestra cocina. El desafío, subraya León XIV, «no es tecnológico sino antropológico». La cuestión que verdaderamente importa no es lo que logrará hacer una máquina, sino qué podemos hacer nosotros para crecer en nuestra propia humanidad, para custodiar nuestro rostro y nuestra voz, nuestra apertura constitutiva al infinito.