León es algo más que un incordio para Trump - Alfa y Omega

La embestida de Donald Trump contra el Papa refleja la incontinencia y el narcisismo del personaje, pero, más profundamente, la cólera que provoca que un hombre sin poder militar ni político, como el obispo de Roma, exprese con libertad, mansedumbre y firmeza, un juicio histórico que contradice su mesianismo político. León XIV respondió que él no teme a la Administración Trump y que continuará con su misión de anunciar el Evangelio, de la que deriva la obligación moral de la Iglesia de hablar contra la guerra y a favor de la paz y la reconciliación. Esto le parece ridículo al inquilino de la Casa Blanca, que se hace representar como un Jesús rodeado de cazas de combate y envuelto en la bandera de los Estados Unidos. 

En un tono menos tabernario, el vicepresidente JD Vance recomendó al Papa que se ocupe solo de cuestiones morales. El católico Vance ya se había atrevido a dar lecciones de teología a León XIV, y ahora le aconseja dedicarse solo a las cuestiones morales. Desatar una guerra preventiva en Irán que ha producido miles de muertos (no solo ni principalmente entre el aparato represor del régimen), destruir las infraestructuras civiles y los medios de vida de un país y amenazar con borrar de un plumazo toda una civilización en una noche… ¿es una cuestión moral? Vance no puede ser tan tonto como para no entenderlo. 

Con su mera presencia y sus palabras, el Papa está mostrando la libertad de la Iglesia frente a los poderes del mundo. El mesianismo político de la Administración Trump, con su mezcla de plomo, fuego, moralina y negocios, se ha encontrado con un obstáculo bastante incómodo: la mirada católica de un León desarmado y desarmante que, además, ha llegado a Roma nada menos que desde Chicago. Quizás no sea tan difícil entender la cólera de Trump y la pastosa incomodidad de Vance.