Cuatro migrantes quemados vivos en su coche en Italia
«Basta, es una herida moral, social y espiritual», dice el vicepresidente de los obispos italianos en una dura homilía
«Que el Señor acoja en su misericordia a estos hermanos y hermanas lejanos, peregrinos como todos nosotros en la tierra», ha afirmado esta semana Francesco Savino, obispo de Cassano all’Jonio y vicepresidente de la Conferencia Episcopal Italiana. Lo dijo tras conocerse la noticia de cuatro migrantes quemados vivos en su coche en un pueblo del sur de Italia, en Calabria.
Al parecer, las víctimas habían reclamado el salario por su trabajo y sus empleadores, de nacionalidad paquistaní, decidieron prender fuego a su coche con ellos dentro. «Las condolencias y la compasión no bastan. Y las palabras amables que duran un día y luego se desvanecen en el olvido no son suficientes», señaló el prelado. En su opinión, «debemos pronunciar solo una palabra, desnuda, cristiana, civil y necesaria: basta».
Una economía que mata
«Basta de una economía que, en demasiados lugares, sigue dependiendo de la explotación de los más pobres, del trabajo invisible de los migrantes, de la soledad de los obreros, del miedo de quienes trabajan sin protección, sin voz, sin seguridad». Son palabras de Savino, que, «ante cuatro cuerpos reducidos a cenizas, no podemos refugiarnos en el lenguaje neutral de las noticias».

Lo ocurrido en este caso «no es solo un suceso terrible que necesita ser esclarecido por completo: es una herida moral, social y espiritual». E interpela «a las instituciones, a la política, a la Iglesia, a las comunidades locales, al sector agrícola, a las empresas, a la ciudadanía».
Un sistema normalizado
Para Savino, «el trabajo forzado no es una desviación marginal, ni una distorsión folclórica, ni un vestigio ancestral olvidado en el campo. Es un sistema, una estructura de dominación. Es una forma moderna de esclavitud que prospera donde el trabajo se convierte en carne para ser exprimida». En este sistema, «la fragilidad de los migrantes se convierte en lucro», ha denunciado.
«Lo digo con firmeza: basta ya de la perversa costumbre de considerar normal que hombres de tierras lejanas cosechen, trabajen, vivan, duerman, viajen y mueran como cuerpos sin historia», ha añadido. «Y basta ya de la idea inhumana de que algunas vidas valen menos por ser extranjeras, pobres, migrantes, trabajadoras, sin familia, sin protección social, sin un rostro reconocido en la comunidad».