El 13 de mayo, fiesta de Nuestra Señora de Fátima, tendrán lugar las elecciones en Filipinas en las que serán elegidos 12 senadores, los representantes del Congreso, los representantes provinciales y municipales. Según los datos procedentes del registro y estadística de la Comisión de elecciones (COMELEC), la generación de millennials (nacidos entre 1985 y 1995) y la generación Z (nacidos entre 1995 y 2015) que podrán acudir a las urnas constituyen más de la mitad de todos los votantes.

Pareciera que la presencia de María, en estos momentos importantes, apelara a los jóvenes para que se pronuncien y ejerzan su derecho con responsabilidad. Por eso creo que la exhortación firmada el lunes por el Papa en Loreto llegará en un momento privilegiado. Me hace releer la carta abierta que los jóvenes filipinos dirigían a la Iglesia y a la sociedad en este año 2019 dedicado a ellos para poder acompañarlos con una opción preferencial. Recojo algunas de sus inquietudes en la toma de conciencia de considerarse ellos mismos como «el presente» que puede cambiar las cosas:

«Somos individuos dinámicos, rebosantes de bendiciones, dispuestos y abiertos a aprender y a crecer cuando se nos proporcionan oportunidades para hacerlo».

«Buscamos nuestra identidad, quiénes somos. Buscamos el sentido y el propósito de nuestra vida. Sabemos que estamos llamados a algo más que a nosotros mismos». «Estamos llamados a actuar, pero necesitamos todavía ser guiados y formados. Carecemos a veces de pensamiento crítico y de habilidades en la toma de decisiones, lo que muchas veces nos hace indecisos frente al compromiso».

«No nos vemos a nosotros mismos como “el futuro”, sino como “el presente” de la Iglesia, del mundo y de la sociedad. Creemos que somos un don para la Iglesia y para Filipinas y por eso queremos ser verdaderamente vidas que se dan».

Que el «presente protagonista» que son nuestros jóvenes nos experimenten cerca construyendo juntos el mundo que todos queremos.

Belén Gómez Valcárcel
Misionera en Filipinas
Servidores del Evangelio de la Misericordia de Dios