Los regalos que más le gustarán al Papa serán de los sencillos
Nos preparamos para acoger a León XIV y nos esmeraremos, pero ningún obsequio es mejor que el de quien tiene poco
Para muchos son los últimos de los últimos, parecen invisibles a los ojos de la sociedad y cada uno está librando una batalla ya lo suficientemente dura. Y, sin embargo, miran fuera de sí mismos y se preocupan por hacer con sus manos el mejor árbol posible de madera para que al Papa le guste. Sobra decir que, cuando León XIV venga a Madrid, esta obra de artesanía procedente del Centro de Tratamiento de Adicciones de Cáritas le va a entusiasmar. No obstante, las personas que pasan cada semana por este recurso no quieren dejar ninguna de sus habilidades en el tintero. «Los participantes no paran de hacer modelos porque nunca los ven lo suficientemente buenos», nos confiesa su educadora social. Que no quede un espectacular Árbol de la esperanza por crecer —así se llaman— por el desinterés. Que las limitaciones vengan de la técnica pero no de la actitud.
Es una idea sencilla pero nos viene muy bien a todos los que estamos preparando la acogida de León XIV. Podemos tener roles más o menos visibles y realizar tareas más o menos complejas pero, según advierte el Papa en su última encíclica, la tecnología se puede volver en nuestra contra. Además, los éxitos pueden hacernos creer indispensables. Estas personas sencillas, en cambio, quizá no acometan imbricadísimas planificaciones a contrarreloj, pero se vuelcan por completo en lo que hacen con sus manos.
Es una idea contrameritocrática que alguno podría erróneamente achacar a cualquier ideología pero que, en el fondo, de donde bebe es del Evangelio y de la predilección de Dios por los pobres, los pequeños, los que lloran y, en este caso, los que se han visto momentáneamente doblegados por un contexto difícil y están aprendiendo a decidirlo todo con ojos e ímpetu nuevos. Y, trabajemos con sierras o ratones y teclados, es esa actitud la que tenemos que copiar hasta el más mínimo detalle, pues son esos regalos —y no los deslumbrantes— los que más le gustarán al Papa.