He aquí un libro para todos los públicos, tejido en el alma de un sacerdote, el obispo Jean Laffitte, y que viene precisamente a cuento en este junio, mes del Corazón de Jesús. Meditar sobre lo que significa el sacerdocio para la Iglesia y para el mundo debería importar a todo cristiano. Hay una tentación bastante común, típica de nuestras sociedades militantemente democráticas, que es la de clericalizar a los laicos, pretendiendo darles parte en funciones que no les corresponden. Es un modo de preterir la misión esencial del laicado, la suya propia, de santificar las realidades temporales. Sin embargo, alimentar un sano entendimiento de la riqueza que el sacerdocio ministerial supone para la Iglesia es muy necesario hoy día. También para los laicos. Y, precisamente por eso, decía que este libro es para todos los públicos.
Jean Laffitte ha sido vicepresidente del Pontificio Instituto Juan Pablo II y después ha trabajado en el Pontificio Consejo para la Familia, ha sido vicepresidente de la Pontificia Academia para la Vida y, más tarde, prelado de la Orden de Malta. Conoce bien las vicisitudes pastorales de un sacerdote, los peligros a los que se enfrenta, la grandeza y la fecundidad a las que está llamado su ministerio. Pero conoce igual de bien el corazón de la familia cristiana, la trama de los problemas que tejen su día a día. En estas meditaciones no habla solo a sacerdotes. Habla también a todo fiel, proponiendo, a fin de cuentas, un camino de configuración al Corazón de Jesús, de conversión y de santidad cristiana. En realidad, el sacerdocio ministerial no es solo un don para los sacerdotes, sino para ayudar a todo fiel a ejercer el sacerdocio bautismal en la propia vida, ofreciéndola con Cristo al Padre. El cura de Ars, en palabras que Laffitte comenta largamente, decía que «el sacerdocio es el amor del Corazón de Jesús».
Este texto de Laffitte tiene, además, el gran mérito de presentarnos una espiritualidad cabal del Corazón de Jesús. Nos ayuda así a alzar la mirada. Sus meditaciones nos hacen plenamente comprensible que ofrecernos al Corazón de Cristo es ofrecernos, en el Corazón de Cristo, al Padre. Perdemos de vista, a veces, la centralidad de la fe trinitaria y el carácter único del cristianismo que nos enseña a contemplar al único Dios en tres personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu.
Por eso, y por otros muchos motivos que no da tiempo aquí a resaltar, me parece un buen libro para meditar durante estos meses estivales sobre los misterios de nuestra fe. Y, particularmente, para apreciar el misterio del sacerdocio que nos introduce en el Corazón de Jesús, el único Buen Pastor.
Jean Laffitte
Didaskalos
2026
124
10 €