Los obispos de Estados Unidos denuncian «el clima de miedo» que crea el ICE tras matar a dos migrantes
El colombiano Johan Sebastián Durán y el mexicano Lorenzo Salgado fueron abatidos a tiros por dos agentes. Los prelados condenan el fin abrupto de sus vidas
La Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos ha expresado su preocupación por el aumento de la tensión en torno a la política migratoria del país tras la muerte de dos ciudadanos latinoamericanos durante operativos del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). En una reflexión pastoral, los prelados denuncian que «nos preocupa ver entre nuestro pueblo un clima de miedo y ansiedad en torno a cuestiones como la discriminación racial y la aplicación de las leyes de inmigración».
El pronunciamiento llega después de la muerte del colombiano Johan Sebastián Durán Guerrero, abatido por disparos de agentes del ICE en Maine, y del mexicano Lorenzo Salgado Araujo, fallecido durante otro operativo en Texas. Ambos casos han reabierto el debate sobre el uso de la fuerza en la aplicación de las leyes migratorias y el respeto a los derechos fundamentales de las personas.
Contra «un fin antinatural» de las vidas
El documento está firmado por el obispo Daniel E. García, presidente del Subcomité para la Promoción de la Justicia Racial y la Reconciliación, y el obispo Brendan J. Cahill, presidente del Comité de Migración del episcopado estadounidense. En él recuerdan que «como católicos, creemos que todas las personas han sido creadas a imagen y semejanza de Dios y, por lo tanto, lamentamos todas las situaciones en las que la vida humana llega a un fin antinatural».

Los obispos insisten en que la dignidad humana constituye un principio irrenunciable de la fe cristiana y recuperan el mensaje publicado por la conferencia episcopal el pasado noviembre, en el que ya advertían de que «nos preocupa ver entre nuestro pueblo un clima de miedo y ansiedad» provocado por la discriminación racial y las consecuencias de las actuales políticas migratorias.
La discriminación atenta contra Dios
En su reflexión, los prelados sostienen que la discriminación racial no solo vulnera la dignidad otorgada por Dios a cada persona, sino que también fractura familias y comunidades al alimentar el miedo y la desconfianza. Asimismo, recuerdan que la misión de la Iglesia trasciende el ámbito de la legislación civil y alertan de que los actos de violencia que «menoscaban o ignoran la dignidad de cualquier persona o grupo de personas» no pueden normalizarse, al tiempo que rechazan la deshumanización de los inmigrantes con independencia de su situación administrativa.

Aunque reconocen que las autoridades tienen el derecho y el deber de hacer cumplir la ley, subrayan que esa responsabilidad debe ejercerse siempre respetando la dignidad humana. En este sentido, recuerdan que «el poder del Estado debe ejercerse siempre dentro de los límites de la ley moral».
Por último, los obispos exigen a las autoridades «responsabilidad, transparencia y justicia, lo cual requiere que se realicen reformas significativas en nuestro sistema migratorio». Y concluyen su mensaje con una oración por las víctimas y sus familias, y con el deseo de que desaparezcan la retórica deshumanizadora, los prejuicios raciales y toda forma de violencia.