La Santa Sede contra la guerra de las galaxias. ¿Qué dice la Iglesia sobre las armas en el espacio?
«Estados Unidos tiene armas de control espacial en órbita capaces de defender a la Fuerza Conjunta frente a acciones hostiles de adversarios». Esta frase del secretario de la Fuerza Aérea, Troy Meink, el pasado lunes, es la primera vez que se reconocía públicamente el despliegue de este tipo de armamento, como confirmó después el Departamento de la Fuerza Aérea.
Al hacerlo, se admitía una acción frente a la cual la Iglesia viene advirtiendo desde hace años. En abril pasado, el observador permanente de la Santa Sede ante las instituciones de la ONU en Ginebra, Ettore Balestrero, explicaba a Vatican News que el Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre de 1967 prohíbe colocar armas nucleares o de destrucción masiva en el espacio.
Sin embargo, «no prohíbe explícitamente armas convencionales o, por ejemplo, ciberataques, ni prohíbe la interferencia con las señales de radio, que desgraciadamente ya está ocurriendo». Además, denunciaba que «algunos estados se están moviendo hacia desplegar armas en órbita».
«Nadie quedaría indemne»
Sobre ello, lanzaba una advertencia alarmante: «Es esencial recordar que si un conflicto implicara directamente al espacio, probablemente no dejaría indemne a nadie en la tierra». Y citaba algo que se suele decir en la sede de la ONU: «Una guerra en el espacio nunca se podría ganar y nunca se debería luchar».
Explicaba, por ejemplo, que en esta nueva forma de lucha sería muy difícil aplicar el «principio de distinción», que obliga a que los combatientes lleven distinciones que permitan diferenciarlos de los civiles. «Es una de las piedras angulares del derecho humanitario internacional».
«Por eso muchas voces, incluida la de la Santa Sede, piden un fortalecimiento de las normas, transparencia y cooperación multilateral para preservar el uso pacífico del espacio». Lo hacía, por ejemplo, en el vídeo que había dado origen a esta entrevista. La Fundación Caritas in Veritate lo grabó con motivo del lanzamiento de la misión espacial Artemis II a la Luna. Esta iniciativa seguía a la publicación en febrero del documento El espacio exterior y la humanidad en la encrucijada: una nueva frontera del bien común.
Denuncia de «tendencias preocupantes»
Dentro de la Santa Sede, el papel de defensor de la paz en el espacio recae sobre todo en el observador permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas en Nueva York, sobre todo durante la Asamblea General anual. En octubre pasado Gabriele Giordano Caccia —ahora nuncio en Estados Unidos— abordó la cuestión en varias ocasiones.
En una de ellas, recordó que el tratado de 1967 establecía que «la exploración y el uso del espacio ultraterrestre deben realizarse en beneficio de toda la humanidad y con fines pacíficos». Y «sigue siendo la piedra angular del marco jurídico internacional» sobre este tema, insistió Caccia.
En otro momento, Caccia lamentó que no se haya logrado un consenso «para prohibir todo tipo de armas». Diagnosticó «tendencias preocupantes» en este sentido, que suponen una amenaza «constante». Pidió asimismo no transformar el espacio en «un escenario de competencia que ponga en peligro a todos».
Dos años antes, durante la misma cita, denunciaba que «el uso del espacio exterior sigue estando relativamente descontrolado, lo que amenaza con la perspectiva de una carrera armamentística». «Numerosos Estados han llevado a cabo pruebas de armas antisatélite», señalaba.
«La Santa Sede condena abiertamente cualquier aspiración a extender al espacio exterior las armas y capacidades militares que causan un inmenso sufrimiento y destrucción en la Tierra». Y pedía recuperar el objetivo de «un desarme general y completo bajo un control internacional estricto y efectivo».
¿Cómo sería un buen uso del espacio?
Intervenciones en este sentido se han repetido con frecuencia cada pocos años. Pero no son las únicas. Los representantes del Papa ante la ONU también han ofrecido guías sobre cómo sí debe ser el uso del espacio. Así, en 2022, el mismo Caccia defendía que «el uso comercial del espacio no debería exacerbar las desigualdades existentes, sino servir como plataforma para la cooperación global y la solidaridad».
Su predecesor, Bernardito Auza, abordó en 2017 la «necesidad de cuidar nuestro espacio exterior, que está reconocido universalmente como patrimonio común de la humanidad y, como tal, destinado al bien común internacional». Por ejemplo, se cita con frecuencia la presencia creciente de basura espacial.
Un año después, en 2018, se preguntaba si «tiene sentido hoy operar en paralelo varios programas orientados de forma nacional». Por ello, proponía «unirlos en un esfuerzo único, bien orientado para expandir nuestro uso pacífico del espacio exterior».