Mientras esperamos contra toda objetividad y realismo que algún día no tengamos que dedicar un Día de la Paz en el colegio porque esta sea algo más cotidiano que un deseo, andamos pensando cada año nuevas maneras de crear experiencia de ella en días especiales. Así, una dinámica en la que los profesores se cuelgan un cartel de «abrazos gratis» y salen a los pasillos y al patio es el consuelo de Tomás ante la ausencia de su madre. Un espacio de asamblea para poner en un sobre intenciones para cambiar nuestro pequeño mundo (padres, profes, alumnos y personal no docente) puede ser una pizca de esperanza para Cristina ante la situación económica que se vive en casa y las dinámicas que genera la impotencia.

Celebrar la imposición de la ceniza contemplando la parábola del hijo pródigo también puede ponernos los pelos de punta cuando tienes delante a niños que han vivido la parábola del padre pródigo en su vida. O, como en el caso de alguno más concreto, el hijo que sigue esperando a su padre y que seguro saldrá corriendo a abrazarle cuando le vea en la lejanía. Eso, si el padre se da prisa y a este alumno no le llega el momento de cerrar la puerta de su corazón, meterse en su casa y echar el cerrojo por miedo a que le vuelvan a hacer daño. El nombre propio da igual, la situación existe y no podemos hacer otra cosa más que acompañarle dándole a conocer a un Dios que ama, espera y cree en cada uno de nosotros.

En estos días u horas especiales en el cole no hay libros que leer ni ejercicios que hacer. Hay historias que conocer y comprender, dinámicas de encuentro (empezando por uno mismo) y diarios personales que escribir. Apto solo para valientes, creyentes y soñadores.

Débora Santamaría
Religiosa de Jesús-María