Arte y transcendencia - Alfa y Omega

El Papa León XIV, en su visita reciente a Madrid, planteó la cuestión decisiva: «¿Qué significa ser verdaderamente humano?». El arte, en todas sus modalidades y formas de expresión, juega un papel imprescindible en una aproximación holística a las cuestiones existenciales que se plantea el ser humano. Por su inmediatez y su dimensión sensorial, es un lugar de encuentro y de diálogo transcultural en un mundo plural en busca de sentido y de un futuro común. Más que un objeto, una obra de arte es un evento que invita a participar de una experiencia que, al descolocarnos, nos coloca mejor en el mundo.

«La belleza es de todos / (huerto con sombra y sol, aljibe y cielo y acequia rumorosa)», dice el poeta murciano Eloy Sánchez Rosillo en su poema Belleza, «patrimonio común que sin embargo solo es de cada uno». La belleza, tanto en la naturaleza evocada por el poeta como en el creación artística misma, captada entre las palabras y por ellas, conmueve a cada uno de modo personal y se dirige a la persona entera, tejiendo redes, transcendiendo lo singular, lo subjetivo y lo separado. Es esta belleza la que salvará el mundo, esta Belleza con mayúscula homenajeada por Gaudí, un gran servidor de la belleza. El arte y la transcendencia son afines porque ambas celebran la belleza y la magnífica dignidad del ser humano llamado por un Dios creador a ser cocreador de un mundo más hermoso, justo y generoso.

El arte invita a la reflexión sobre el ser humano y su relación con la transcendencia. Escribe Martin Heidegger: «Cuando el artista modela una cabeza, parece que se limitara a reconfigurar las superficies visibles, cuando en verdad configura lo propiamente invisible, a saber, la manera en que esta cabeza mira al mundo, la manera en que ella mora en lo abierto y a él se atiene, allí solicitada por hombres y cosas».

En otras palabras, frente a una obra de arte estamos invitados a captar «lo propiamente invisible» evocado y hecho presente entre las formas visibles. La obra de arte no hace visible la verdad transcendente, sino que nos lleva de la mano en un proceso iniciático y mistagógico, introduciéndonos en el misterio del Ser de un modo que de ninguna manera se puede traducir en palabras. Como dice el filósofo francés Michel Henry, «la visión de lo invisible es lo invisible mismo tomando conciencia de sí en nosotros, exaltándose y comunicándonos su alegría». Por esto, según Romano Guardini, «toda auténtica relación con la obra de arte desemboca en algo religioso».

Una obra de arte, según George Steiner, es una Anunciación cuando incide en nuestra vida. Entonces la estética es auténticamente ética, al incitarnos a ser mejores personas y a colaborar a un mundo mejor, como dijo Rilke con respecto a un torso descabezado de un Apolo griego: «Pues ahí no hay lugar que no te mire. Debes cambiar tu vida».

Cada obra de arte que merece ese nombre puede hacernos recordar el poema de Meschonnic que exige que nos hagamos pequeños para captar lo que solo vislumbran los sencillos: «Hoy encontré / una pequeña alegría. Me hice / tan pequeño como ella para ser / el instante que está lleno de ella».

La experiencia estética suscita la pregunta epistemológica sobre el lugar que ocupa el arte en la reflexión académica. El arte es reflexión no verbal sobre el ser humano, reflexión que exige la interpretación y la explicitación para evitar que se rija únicamente por el consumo y la masificación. En este sentido, el Papa León alentó a que «el arte no tenga como fin solo a las élites». En siglos pasados, la Iglesia fue promotora de la vanguardia artística. Todavía hoy representa un extraordinario patrimonio simbólico de valores, ideas y modos de vivir en busca de la expresión artística adecuada. La transcendencia como dimensión esencial del ser humano pide que se aborde desde distintas disciplinas.

Por esta razón se acaba de estrenar la Cátedra Interdisciplinar de Arte y Transcendencia el pasado 17 de junio con unas jornadas tituladas Arquitectura de lo sagrado en el centenario de la muerte de Gaudí. Con sede en Madrid (Universidad Pontificia Comillas) y en Bilbao (Universidad de Deusto), se propone establecer y explicitar puentes entre el arte, en todas sus modalidades y formas de expresión, tanto contemporáneas como históricas, y todo aquello que transciende el ser humano.

Esta cátedra aspira a ser desde sus inicios una cátedra interuniversitaria, interdisciplinar y transversal, considerando las artes como posibles puentes entre las personas, entre los pueblos, entre las culturas, y entre la humanidad y la transcendencia que para los cristianos tiene nombre y rostro. Todos los miembros de la cátedra estamos convencidos de que las artes contribuyen a un mundo más auténtico y profético.