Evaluación - Alfa y Omega

En esta época andamos los profesores evaluando el resultado final de cada asignatura y del curso en general en los colegios. Se evalúan notas de alumnos, actividades realizadas, se hace memoria recordando lo programado, se reflexiona sobre la manera de hacer –teniendo en cuenta quién somos y cómo queremos vivir lo que hacemos…–. En estos días todos los alumnos pasan por delante de nosotros y, mientras ponemos calificaciones, también recordamos procesos de vida. Unos con alegría porque el esfuerzo ha dado su fruto; otros con tristeza, porque no hemos podido sacar lo mejor de la persona; también están aquellos casos en los que todavía no está todo dicho y dejamos la incertidumbre llena de esperanza para que en septiembre se siga caminando hacia adelante.

Gracias a que entendemos la educación como un proceso siempre hay más tiempo para poder acompañar y ayudar: un curso más de la etapa que se estudia, un voluntariado o grupo que ofrecer para no perder el contacto… Esto me lleva a pensar que hay muchas cosas que la Administración no nos pide evaluar y no se plasman en el boletín, pero que hablan de la calidad y de la calidez de la educación y, de hecho, nos ocupan gran parte de nuestro tiempo. Porque… ¿qué nota se le pone al abrazo dado o recibido en momentos difíciles? ¿Cómo se evalúa el tiempo dedicado a escuchar la vida? ¿Cómo se valora saberse conocido por el nombre y no como un número de la lista? ¿Qué nombre se le pone a la asignatura de Preocuparse por alguien hasta poder llegar a perder el sueño?

Hay que evaluarlo todo y, posiblemente, el verano nos ayude a descubrir y recordar mucho de lo dado y lo recibido, eso que no queda grabado en los papeles sino en el corazón y el ánimo de las personas.

Débora Santamaría
Religiosa de Jesús-María