Las buenas intenciones

Juan Orellana
Foto: Avalon

Isabelle –interpretada por una soberbia Agnès Jaoui– se dedica compulsivamente a las causas benéficas, entregando todo su tiempo a proyectos humanitarios (comedores sociales, clases de francés a inmigrantes,…). Su marido y sus hijos lo aceptan como pueden, con la sensación de que les falta una esposa y una madre. La llegada de una nueva profesora al centro social, con innovadores planteamientos didácticos, hace entrar en crisis a Isabelle, que decidirá dar un paso adelante, abriendo una escuela de conducir para inmigrantes.

Esta comedia francesa de Gilles Legrand nos habla de una cuestión en principio muy sugerente: ¿Se puede hacer el mal al querer imponer una forma de hacer el bien? La premisa es bien interesante, pero el guion de Léonore Confino no consigue llevarla a buen puerto y no explora en profundidad las implicaciones del asunto. En realidad, el fallo está en el origen mismo, en no ir a las raíces de un comportamiento altruista. O este nace como respuesta a unas propias carencias biográficas, o se origina en un agradecimiento radical por el don de la vida en general. Esta potente cuestión se ventila con superficialidad desembocando en un buenismo difícil de asumir por un espectador exigente. Divertida, pero decepcionante.

J. Orellana