Jesús Cabañas: «El Vaticano necesita también un archivo vivo» - Alfa y Omega

Jesús Cabañas: «El Vaticano necesita también un archivo vivo»

El CEO de PFU Iberia explica algunas de las claves del ambicioso proyecto del Vaticano para transformar siglos de documentación en una infraestructura digital

Cristina Sánchez Aguilar
Jesús Cabañas
Al directivo le impresiona el cambio de paradigma para una digitalización masiva. Foto: Cristina Sánchez Aguilar.

—¿Por qué una institución como el Vaticano necesitaba transformar su archivo histórico en una infraestructura digital avanzada?
—Yo creo que sin duda la misión del Papa Francisco de llegar a las personas allá donde estén implica llegar a través de los canales de comunicación. Un archivo cerrado sobre sí mismo no puede contribuir de ningún modo a difundir los mensajes y menos convertirse en un activo evangelizador vivo. Los nuevos canales de comunicación digitales del Vaticano necesitan también de un archivo vivo que ahora puede llegar precisamente a donde está la necesidad.

—¿Cuál es el principal reto técnico a la hora de digitalizar documentos tan delicados y valiosos?
—En la primera parte del proceso es donde hay que hacer una catalogación de los diferentes medios y soportes para dotarse de las tecnologías y los procedimientos adecuados para que la digitalización sea efectiva y eficiente. El reto está en encontrar el balance entre la calidad y el coste de la captura. Definir claramente una infraestructura de digitalización que sea viable económicamente, eficiente en los tiempos y sensible con el tipo de documentación es la clave que nos va a permitir liberar el contenido y la información de su continente analógico.

—Han hablado de «preservar sin frenar el acceso a la información». ¿Cómo se consigue ese equilibrio entre conservación y accesibilidad?
—Entendamos que casi siempre lo importante no es el soporte sino el contenido (salvo en documentación legal, títulos o cédulas, donde van a la par). La preservación del conocimiento es el motivo principal que ha llevado a la humanidad a copiar los textos, evitando que el deterioro físico del soporte acabara con el conocimiento. Si la imprenta consiguió multiplicar la difusión y accesibilidad, la digitalización efectiva de la documentación permite su conservación perpetua y accesibilidad infinita.

Cuando hablamos de equilibrio entre conservación y accesibilidad nos referimos a que la digitalización sea posible tanto económica como físicamente sin deterioro del original. Para ello, a lo largo de los años hemos integrado en nuestros equipos múltiples tecnologías específicas para escanear de forma masiva documentos sin comprometer su integridad.

Un conjunto completo de sensores ultrasónicos y de movimiento permiten asegurarnos de que toda la información se ha digitalizado (no pasan dos hojas a la vez, no hay hojas dobladas, etc.), y de que el original no sufre deterioro, pues en los equipos disponemos de un grupo de sensores específicamente diseñados para detectar anomalías en los documentos que nos permitan salvaguardar su integridad protegiéndolos de arrugas o rasgado. Estos equipos difieren bastante de los equipos que estamos acostumbrados a ver en la oficina que se utilizan principalmente para imprimir.

Foto: PFU.

—¿Qué hace diferente este proyecto respecto a otros grandes procesos de digitalización documental en el mundo?
—Lo que hace verdaderamente singular este proyecto no es únicamente su dimensión documental, sino el contexto histórico, cultural y humano en el que se desarrolla. A diferencia de otros grandes procesos de digitalización, aquí no estamos preservando solo documentos, sino parte de la memoria colectiva de la humanidad.

La Iglesia ha sido durante siglos una de las principales custodias del conocimiento, conservando y protegiendo un patrimonio documental de valor incalculable. Este proyecto representa la evolución natural de esa misión: utilizar la tecnología para garantizar que ese legado permanezca accesible y protegido para las generaciones futuras.

Además, contribuye a proyectar una imagen diferente de una institución que tradicionalmente no se asocia con la innovación. La búsqueda de la verdad forma parte del ADN de la Iglesia, y la digitalización se convierte en una herramienta poderosa para reforzar ese compromiso, facilitando el acceso a la información, impulsando la investigación y aportando mayores niveles de transparencia, un valor especialmente relevante en la sociedad actual.

La combinación de patrimonio histórico, tecnología avanzada, preservación del conocimiento y transparencia convierte este proyecto en una iniciativa excepcional extensible a escala mundial.

—¿Hasta qué punto la digitalización ayuda también a combatir la desinformación y garantizar la autenticidad de los documentos?
—La digitalización desempeña un papel fundamental en la lucha contra la desinformación porque aporta algo esencial: trazabilidad. Cuando un documento es digitalizado correctamente, cada archivo puede ser identificado, catalogado, auditado y controlado a lo largo de todo su ciclo de vida, generando un registro verificable de su origen y de cualquier actuación realizada sobre él.

En un contexto donde la información circula a gran velocidad, disponer de fuentes documentales auténticas, accesibles y verificables es clave para combatir interpretaciones erróneas o manipulaciones. La digitalización facilita que investigadores, historiadores y ciudadanos puedan contrastar la información directamente con las fuentes originales.

Además, existe una realidad tecnológica muy interesante: es relativamente sencillo engañar al mundo analógico utilizando herramientas digitales, pero resulta extremadamente difícil hacer lo contrario. Muchas instituciones públicas y privadas luchas en su día a día contra documentos falsos, fácilmente generables con ayuda de la IA. Un documento físico original, correctamente preservado y digitalizado bajo procedimientos rigurosos, se convierte en una referencia sólida frente a cualquier intento de alteración o falsificación. Por ello, la digitalización no solo preserva el patrimonio documental, sino que también fortalece la confianza, la autenticidad y la transparencia de la información.

—¿Qué importancia tiene la alta resolución en archivos históricos como los del Vaticano?
—La alta resolución y la captura sin contacto son dos elementos fundamentales en proyectos de digitalización patrimonial, pero siempre deben entenderse en función del objetivo final. No se trata de digitalizar todo a la máxima resolución posible, sino de encontrar el equilibrio adecuado entre calidad, preservación y accesibilidad.

Dependiendo del tipo documental y del uso previsto, las necesidades pueden variar. Si el objetivo principal es consultar el contenido de un documento, una resolución optimizada puede facilitar el acceso y la gestión de los archivos. Sin embargo, cuando se trata de fotografías, ilustraciones o documentos donde cada detalle tiene valor histórico o científico, es necesario trabajar con resoluciones mucho más elevadas. Nuestra tecnología permite incluso generar simultáneamente distintas versiones de una misma captura, adaptadas a diferentes usos y procesos posteriores, optimizando tanto la conservación como la accesibilidad mediante procesos de multistreaming.

—¿Y el escaneo sin contacto?
—Resulta especialmente importante en fondos históricos como los del Vaticano. Tecnologías como el SV600 permiten digitalizar libros encuadernados, manuscritos delicados o documentos deteriorados sin ejercer presión sobre los originales, minimizando cualquier riesgo de daño. Además, incorporan funcionalidades avanzadas como la detección automática del paso de página y la corrección de curvaturas, garantizando una excelente calidad de imagen incluso en documentos complejos.

Pero existe otro factor decisivo: la eficiencia. En proyectos que implican millones de imágenes, el coste más importante suele ser el tiempo de captura. Cada segundo cuenta. Gracias a su diseño específico para documentación histórica y libros, equipos como el SV600 pueden llegar a ser hasta un 90 % más eficientes que un escáner tradicional de oficina.

Esto reduce a horas lo que con otro equipo podría llevarte días. Cuando se trabaja con volúmenes masivos de documentación, esta diferencia tiene un impacto extraordinario en los plazos, los costes operativos y la viabilidad global del proyecto, sin comprometer en ningún momento la preservación de los originales.

Foto: PFU.

—El proyecto no solo afecta a textos, sino también a miles de fotografías históricas. ¿Qué dificultades específicas plantea el archivo fotográfico?
—Presenta desafíos diferentes a los de la documentación textual, porque en una fotografía no solo importa la información que contiene, sino también la calidad visual, los detalles, las texturas, los tonos y, en muchos casos, su valor como pieza histórica única.

Por ello, la estrategia de digitalización depende siempre del propósito final. Si el objetivo es preservar, catalogar y poner a disposición grandes volúmenes de imágenes en un plazo reducido, existen tecnologías capaces de realizar procesos de ingesta masiva extremadamente eficientes, llegando a digitalizar más de 1.000 fotografías en menos de cinco minutos.

Sin embargo, cuando el objetivo es obtener el máximo nivel de detalle o realizar procesos avanzados de conservación digital, la complejidad aumenta considerablemente. Trabajar con resoluciones muy elevadas, gestionar perfiles de color precisos o aplicar técnicas de restauración digital requiere más tiempo de procesamiento y revisión, multiplicando los tiempos de trabajo por imagen.

El verdadero reto consiste en encontrar el equilibrio adecuado entre velocidad, calidad y finalidad de uso. No todas las fotografías requieren el mismo nivel de tratamiento, y precisamente la capacidad de adaptar la tecnología y los flujos de trabajo a cada necesidad es lo que permite abordar con éxito archivos fotográficos históricos de gran escala como los del Vaticano.

—Han mencionado una futura integración de inteligencia artificial y tecnologías RAG. ¿Qué aplicaciones concretas imaginan para esta segunda fase?
—La integración de inteligencia artificial y tecnologías RAG representa, sobre todo, la fase de explotación y puesta en valor de todo el trabajo de digitalización realizado. Nuestro papel en esta etapa es proporcionar datos de la máxima calidad posible, estructurados, trazables y fiables, porque la calidad de cualquier sistema de IA depende directamente de la calidad de la información sobre la que trabaja.

Las tecnologías RAG permiten que los modelos de inteligencia artificial consulten directamente los documentos originales digitalizados antes de generar una respuesta. Esto abre la puerta a nuevas formas de acceso al conocimiento, facilitando que investigadores, académicos o ciudadanos puedan localizar y consultar información de manera mucho más rápida y natural.

Además, este enfoque ayuda a democratizar el acceso a fondos documentales de enorme valor histórico, eliminando muchas de las barreras tradicionales de búsqueda y consulta. Al mismo tiempo, al basarse en fuentes documentales verificadas y trazables, contribuye a controlar los sesgos, reducir las alucinaciones de los modelos y minimizar los errores, proporcionando respuestas fundamentadas en documentación real.

En definitiva, la digitalización es el primer paso. La inteligencia artificial y las tecnologías RAG son las herramientas que permitirán transformar millones de documentos en conocimiento accesible, contextualizado y útil para las generaciones futuras.

—¿Qué enseñanzas podría extraer de esta experiencia cualquier archivo eclesial, biblioteca o universidad?
—La principal enseñanza es que preservar el legado histórico y abrazar la innovación no son objetivos opuestos, sino complementarios. La tecnología no está para sustituir la labor de la Iglesia, de los archivos o de las instituciones académicas, sino para ayudarlos a cumplir mejor su misión, haciendo sus procesos más seguros, eficientes y accesibles.

La historia nos ofrece un ejemplo muy claro. Gran parte del conocimiento que ha llegado hasta nosotros, incluida la propia Biblia, se preservó gracias a generaciones de copistas que reprodujeron manuscritos, cartas y libros. Sin esas copias, gran parte de ese legado se habría perdido. La digitalización representa hoy la evolución natural de ese mismo esfuerzo.

Pero la copia digital aporta además un valor añadido que resulta especialmente relevante en nuestro tiempo: no solo protege la información frente al deterioro físico o la pérdida, sino que facilita el acceso al conocimiento, mejora la capacidad de investigación y refuerza la transparencia institucional.

Esta visión está también alineada con el impulso modernizador promovido por el Papa Francisco, que defendió una Iglesia más ágil, cercana y centrada en su misión principal. La digitalización del dicasterio no solo contribuye a preservar y democratizar el acceso al conocimiento, sino que también permite ganar en eficiencia operativa. El tiempo de sacerdotes, religiosos y colaboradores debe dedicarse prioritariamente a la evangelización, al cuidado de las personas y al servicio de la comunidad, no a tareas burocráticas o administrativas que la tecnología puede simplificar de forma segura y eficaz.

Por ello, cualquier archivo eclesial, biblioteca o universidad puede extraer una conclusión clara: la transformación digital ya no es únicamente una cuestión tecnológica, sino una herramienta estratégica para garantizar que el conocimiento siga estando disponible, accesible y protegido para las futuras generaciones. En el siglo XXI, la copia digital no es solo una salvaguarda documental; es también una demostración de transparencia, eficiencia y compromiso con el acceso al conocimiento.

—En una época marcada por la velocidad y la sobreabundancia de información, ¿cree que preservar bien los archivos es también una forma de proteger la verdad?
—En estos tiempos donde el bulo y la mentira descarnada comparten escenario con la verdad, la fuente fiable se convierte en uno de los pocos antídotos. Los archivos recogen muestras trazables de una realidad en un tiempo concreto y en muchos casos pueden hacer evidente la verdad o dejar en evidencia la mentira.

El ciudadano de hoy en día, cada vez más cansado de la relativización de la verdad, no se conforma con saber que la fuente es fiable sino que necesita, como Tomás, «meter los dedos», tener una mayor evidencia. Es ahí donde la preservación digital permite acceder a las fuentes y por supuesto a la verdad. No basta con preservar los archivos, es necesario hacerlos accesibles. No podemos permitirnos el lujo de tener la verdad encerrada en un armario o un cajón.

Foto: PFU.

Después de trabajar en este proyecto, ¿qué le ha impresionado más del patrimonio documental que conserva el Vaticano?
—No deja de sorprenderme la riqueza y cantidad de soportes de información que forman parte del proyecto. Pero si hay algo que me impresionó es visualizar de primera mano el cambio de foco del continente al contenido. Tradicionalmente los archivos se construyen y mantienen con el afán de mantener el soporte (el continente) lo más intacto posible.

El proceso de digitalización manteniendo el soporte intacto es muy lento e ineficiente y hace que el coste de la extracción haga el proyecto inviable económicamente. El guillotinado de los lomos de muchos libros ha permitido la digitalización masiva y en cierta medida liberar el contenido para poder hacerlo accesible. Esto marca un antes y un después. Este cambio de paradigma sin duda ha hecho y puede hacer viables muchos otros proyectos.

—¿Qué significa para PFU y el grupo Ricoh en general participar en un proyecto tan emblemático como la preservación del archivo histórico del Vaticano?
—Participar en un proyecto de esta magnitud es, ante todo, un honor y una gran responsabilidad. No todos los días se tiene la oportunidad de contribuir a la preservación y difusión de uno de los patrimonios documentales más relevantes del mundo.

Más allá de la dimensión tecnológica, este proyecto representa la posibilidad de contribuir a algo mucho más importante: liberar el conocimiento y facilitar el acceso a la información. La preservación documental ya no consiste únicamente en proteger archivos físicos, sino en garantizar que puedan seguir siendo consultados, estudiados y comprendidos por las generaciones presentes y futuras.

Vivimos en una sociedad globalizada en la que el acceso al conocimiento depende cada vez más de su disponibilidad en formato digital. De alguna manera, aquello que no está digitalizado corre el riesgo de volverse invisible para una parte importante de la sociedad. La información y el conocimiento generan valor cuando pueden ser descubiertos, compartidos e investigados; difícilmente pueden cumplir esa función si permanecen encerrados en un archivo físico alejado de quienes pueden beneficiarse de ellos.

Por eso, formar parte de esta transformación es motivo de orgullo. Saber que nuestra tecnología contribuye a preservar la memoria histórica, mejorar la accesibilidad al conocimiento y acercar documentos de enorme valor cultural y humano a personas de todo el mundo es, sin duda, una de las mayores satisfacciones que puede ofrecer un proyecto como este.

—¿Por qué creen que el Vaticano confió precisamente en la tecnología de PFU para este proceso?
—Creemos que el Vaticano confió en PFU por una combinación de experiencia, tecnología y capacidad de adaptación a un proyecto único. Estamos especialmente orgullosos de contar con uno de los portfolios de soluciones de digitalización más amplios del mercado, capaz de abordar de forma eficiente tipologías documentales muy diferentes y necesidades de conservación específicas.

A ello se suman más de 50 años de experiencia en captura documental y la capacidad de integrar hardware y software en una solución completa. En un proyecto de esta magnitud, la digitalización es solo el primer paso; tan importante como crear el archivo digital es prepararlo para su futura consulta, explotación e integración con nuevas tecnologías.

—PFU nació vinculada al dispositivo de captura y hoy trabaja en digitalización documental avanzada. ¿Cómo ha evolucionado la compañía hasta convertirse en un referente en este ámbito?
—La evolución de PFU ha estado marcada por una idea muy sencilla: pasar de tener el foco únicamente en el documento a tenerlo en la imagen y el dato de calidad. Tradicionalmente se hablaba de escanear como el proceso de convertir documentos en papel en un archivo que contenga una imagen fiel.

Las organizaciones ya no quieren discos de almacenamiento llenos de imágenes sino que necesitan mucho más. Necesitan información fiable, estructurada y preparada para integrarse en los procesos de negocio y en las nuevas tecnologías de análisis e inteligencia artificial. Si los datos son malos la información será errónea y la IA alucinará. Entender que esta información debe ser incorporada de forma eficiente y fiable al conocimiento empresarial ha sido la clave de nuestra transformación.

Por eso, nuestra evolución no ha consistido únicamente en desarrollar mejores dispositivos de captura, sino en dotarlos de inteligencia. Gracias al software que acompaña a nuestras soluciones, el escáner deja de ser una simple herramienta de digitalización para convertirse en un punto inteligente de entrada de información en la frontera entre el mundo físico y el digital.

—¿Qué diferencia a soluciones como ScanSnap SV600 o la serie fi de otros sistemas de digitalización del mercado?
—Lo que diferencia a soluciones como ScanSnap SV600, la serie fi o el nuevo SP-2230 es que han sido diseñadas específicamente para la digitalización documental, mientras que muchos de los sistemas utilizados habitualmente en las organizaciones son equipos multifunción cuyo objetivo principal es combinar impresión, copia y escaneado en un único dispositivo.

Esta especialización se traduce en tres ventajas clave: calidad, amplitud de gama y accesibilidad. Contamos con soluciones adaptadas a prácticamente cualquier necesidad, desde la digitalización de libros y documentos históricos sin contacto hasta entornos de producción de alto volumen o pequeñas oficinas que inician su proceso de transformación digital.

Además, creemos firmemente que la digitalización debe estar al alcance de cualquier organización. Por eso trabajamos para ofrecer no solo la máxima calidad de captura, sino también una excelente relación entre prestaciones y coste. El lanzamiento del nuevo SP-2230 responde precisamente a esa filosofía: acercar tecnologías profesionales de digitalización a cualquier empresa o institución, independientemente de su tamaño.

Esto permite que organizaciones tan diversas como parroquias, centros educativos, fundaciones, bibliotecas o pequeñas empresas puedan digitalizar y preservar su información de forma eficiente, sin afrontar inversiones complejas o inasumibles. La transformación digital ya no debe ser un privilegio reservado a las grandes organizaciones, sino una oportunidad accesible para todos.

—La digitalización de patrimonio histórico exige escaneo sin contacto y máxima resolución. ¿Cómo se desarrolla tecnología capaz de trabajar con documentos tan frágiles?
—Es el resultado de décadas de experiencia acumulada y de la capacidad de aprender de miles de proyectos y necesidades diferentes en todo el mundo. Cuantos más clientes y más casos de uso afrontas, más problemas reales resuelves y mejor entiendes cómo debe evolucionar la tecnología.

Nuestros equipos de ingeniería en Japón trabajan con una visión global, incorporando experiencias y desafíos procedentes de múltiples países, sectores y tipos documentales. Esa perspectiva nos ha permitido desarrollar soluciones capaces de adaptarse a entornos muy diversos sin renunciar ni a la calidad ni a la eficiencia.

Hoy el ecosistema de captura es más complejo que nunca. Un mismo documento puede digitalizarse con un teléfono móvil, una cámara fotográfica, un equipo multifunción o un escáner especializado. Sin embargo, nuestro valor no está únicamente en capturar una imagen, sino en hacerlo de forma consistente, con la máxima calidad posible y con independencia de factores como la iluminación, el estado del documento o el entorno de trabajo.

Al mismo tiempo, la preservación del patrimonio exige procesar grandes volúmenes de documentación manteniendo costes sostenibles. Por eso nuestras soluciones combinan calidad de imagen, protección de los originales y eficiencia operativa, permitiendo digitalizar millones de páginas sin comprometer la integridad de los documentos.

Son 43 años de experiencia los que nos avalan. Una trayectoria dedicada a transformar documentos físicos en información digital fiable, accesible y preparada para las necesidades presentes y futuras.

—¿Hasta qué punto este proyecto representa el futuro del sector de la gestión documental?
—No creo que este proyecto represente el futuro de la gestión documental, porque la transformación digital ya es una realidad. Lo que sí representa es una llamada de atención para todas aquellas organizaciones que todavía no han entendido el valor estratégico de sus archivos. Ya no basta con conservar documentos; es necesario preservar, organizar y poner el conocimiento a trabajar. Las entidades que no sean capaces de hacerlo corren el riesgo de perder relevancia en una sociedad cada vez más basada en el acceso a la información.

Además, la digitalización es la puerta de entrada a la eficiencia. Las organizaciones no pueden moverse a la velocidad del papel. Los procesos, las decisiones y la atención a las personas requieren acceso inmediato a la información. El proyecto del Vaticano demuestra que incluso una institución con siglos de historia entiende que preservar el conocimiento no es suficiente: hay que hacerlo accesible, explotable y preparado para generar valor en el presente y en el futuro.

—PFU y Ricoh trabajan ya con inteligencia artificial aplicada a procesos documentales. ¿Qué cambios veremos en los próximos años?
—Veremos una evolución muy clara: los dispositivos de captura serán cada vez más inteligentes y asumirán tareas que hasta ahora requerían procesos posteriores o intervención humana. Un buen ejemplo es nuestro recién lanzado SP-2230, que incorpora un chip propietario capaz de realizar OCR [reconocimiento de texot, N. d. R.] directamente en el dispositivo, convirtiendo los documentos en contenido editable y accesible sin necesidad de procesamiento adicional en el PC. El escáner deja de ser una simple herramienta de captura para convertirse en un dispositivo inteligente capaz de generar datos de calidad desde el primer momento.

Esta tendencia se acelerará con soluciones como PaperStream AI, que lanzaremos este año. El objetivo ya no es únicamente capturar imágenes, sino analizar cada documento de forma inteligente y optimizar automáticamente la calidad de los datos obtenidos para que puedan utilizarse con la máxima fiabilidad en los sistemas digitales actuales.

En definitiva, veremos más inteligencia, más automatización y más agilidad en todo el proceso documental. Y eso es fundamental porque, en muchos proyectos, el principal coste no es la tecnología, sino el tiempo y los recursos necesarios para gestionar la información. La inteligencia artificial permitirá reducir ese esfuerzo y liberar a las personas para tareas de mayor valor añadido.

—¿La IA permitirá no solo conservar archivos, sino también entenderlos y relacionarlos de nuevas maneras?
—Absolutamente. Durante años digitalizábamos para preservar documentos; hoy digitalizamos para explotar la información y el conocimiento que contienen. La inteligencia artificial permite analizar grandes volúmenes de documentación, descubrir relaciones entre documentos, identificar patrones y facilitar el acceso al conocimiento de una forma que hasta hace muy poco era impensable.

Este cambio ha intensificado el tráfico en la frontera digital, el punto donde la información pasa del mundo físico al digital. Por ello, la calidad de los datos de origen es más importante que nunca. Si los datos son incompletos, erróneos o de baja calidad, la IA puede generar respuestas incorrectas o alucinar, convirtiéndose en una herramienta degenerativa en lugar de generativa.

Esto no solo reduce el valor de la información, sino que puede dañar la credibilidad y la reputación de la institución que la proporciona. La clave para una IA fiable no está únicamente en el modelo, sino en la calidad y trazabilidad de los datos sobre los que trabaja.

— En un momento en que muchas empresas hablan de IA, ¿qué diferencia hay entre aplicar inteligencia artificial con criterio documental y simplemente automatizar procesos?
—La diferencia es que la inteligencia artificial aplicada con criterio documental aporta valor en todo el ciclo de vida de la información. Puede utilizarse durante la captura y extracción de datos para identificar documentos, clasificar contenidos, extraer información relevante o mejorar la calidad de las imágenes. Pero también puede aplicarse posteriormente en la explotación del conocimiento, facilitando búsquedas avanzadas, análisis documentales o sistemas basados en IA y tecnologías RAG.

Sin embargo, tanto en la extracción como en la explotación existe una condición indispensable: la calidad del dato. Nuestra misión es garantizar que la información que entra en el mundo digital sea fiable, trazable y precisa. Sin una base documental sólida, la IA puede generar errores o alucinaciones que comprometan la confianza en los resultados. La verdadera diferencia no está en automatizar más procesos, sino en asegurar que la inteligencia artificial trabaje sobre información de calidad.

—Este proyecto combina tradición e innovación. ¿Qué aprendizaje personal y profesional se lleva de colaborar con una institución como el Vaticano?
—Una de las principales enseñanzas que me llevo es que la tradición y la innovación no son conceptos enfrentados. Al contrario, las instituciones que han perdurado durante siglos son precisamente las que han sabido adaptarse a cada época sin renunciar a su esencia.

La colaboración con el Vaticano refuerza una idea que el Papa Francisco ha expresado en numerosas ocasiones: hay que estar donde está la gente. Hoy eso significa también estar en el entorno digital, ofreciendo respuestas, facilitando el acceso a la información y a la tan denostada verdad, aportando transparencia y trabajando de forma más eficiente para servir mejor a la sociedad.

Además, existe una diferencia muy inspiradora respecto al ámbito empresarial tradicional. En una empresa, las mejoras de eficiencia suelen reflejarse en una mejor cuenta de resultados. En una institución como la Iglesia, esa eficiencia puede traducirse en algo aún más valioso: más tiempo, más recursos y más capacidad para la acción social, la atención a las personas y la labor evangelizadora. Esa es probablemente la lección más relevante de este proyecto: la tecnología tiene sentido cuando ayuda a las organizaciones a cumplir mejor su misión.