Viaje al país de los blancos. De Ghana a Barcelona: desierto, violencia, explotación y desarraigo
En algunas tradiciones africanas occidentales, incluidas ciertas comunidades de Ghana, la muerte de una madre durante el parto podía interpretarse antiguamente como un acontecimiento espiritualmente significativo. En algunos lugares incluso se considera que el niño ha llegado al mundo acompañado de fuerzas sobrenaturales o que está vinculado a un destino especial.
En el caso de Ousman, la profecía se cumpliría: el destino del pequeño ghanés sería viajar «al país de los blancos». Desde niño, miraba atentamente los aviones que sobrevolaban el cielo de su poblado. Impulsado por el deseo de encontrar un futuro mejor, afronta la resistencia de su padre para abandonar su aldea y emprender un largo y peligroso viaje hacia el continente europeo. Tras numerosas dificultades, llega a Barcelona, donde descubre que la realidad dista mucho del sueño que imaginaba. Su vida cambia cuando conoce a Montse, quien lo acoge en su familia y le brinda apoyo y afecto. Gracias a esa oportunidad, Ousman no solo logra reconstruir su vida, sino que transforma su experiencia en un propósito mayor, decidido a dar sentido a todo lo que ha vivido y a ayudar a otros en situaciones similares.
En un momento en que España sigue debatiendo fórmulas para regularizar la situación de miles de inmigrantes y en el que el mensaje de acogida y dignidad humana ha vuelto a cobrar fuerza tras los gestos de cercanía del Papa León XIV hacia quienes se ven obligados a abandonar su hogar, Viaje al país de los blancos, de Daniel Sancho, recuerda algo esencial: ninguna persona abandona su tierra por capricho. Algunas historias merecen ser escuchadas. Y la de Ousman Umar es una de ellas.
El guion de Guillem Clua evita el tono panfletario y apuesta por el relato humano. La historia sigue el durísimo periplo del protagonista desde Ghana hasta Barcelona, atravesando el desierto, la violencia, la explotación y el desarraigo. Pero también muestra cómo la solidaridad puede cambiar una vida. La aparición de Montse, interpretada con enorme naturalidad por Emma Vilarasau, se convierte en el punto de inflexión de una narración que encuentra en los pequeños gestos de acogida su mayor fuerza dramática.
Benjamin Kakraba, Victor Sey y el propio Ousman Umar, los actores que lo interpretan en distintos etapas de su vida, construyen un personaje creíble y cercano. Sus interpretaciones desprenden una espontaneidad poco frecuente y aportan autenticidad a una historia que podría haber caído fácilmente en el sentimentalismo. La puesta en escena de Daniel Sancho es honesta, sencilla y transparente. Destaca especialmente la imagen del chico sumergido en el agua, con su rostro rodeado de pequeñas burbujas, abierta a múltiples interpretaciones: la asfixia, el renacimiento, la fragilidad o la esperanza. Una de esas escenas que permanecen en la memoria cuando la película termina.
Daniel Sancho
España
2026
Biopic, drama
+12 años