La defensa de las semillas locales frente a las multinacionales se ha convertido en un elemento estratégico en la batalla por la soberanía alimentaria en el Sur. No es una cuestión folclórico-cultural, sino el nudo gordiano de la defensa de su derecho de supervivencia

La lucha contra el hambre tiene como objetivo último que el derecho a la alimentación sea realidad para todo ser humano. Entender las implicaciones de este derecho en el Sur requiere tener en cuenta el actual contexto agrícola, contexto marcado por el aumento de la productividad, la mercantilización de la agricultura, el escaso apoyo público a los campesinos locales y la promoción de inversiones extranjeras directas en las materias primas agrícolas. Dentro de este contexto, el Norte plantea el derecho a la alimentación desde la seguridad alimentaria que pone énfasis en el acceso a los alimentos mediante la ayuda humanitaria, producción interna o importación de alimentos. El Sur global en cambio entiende que su derecho a la alimentación, garantizado de forma duradera, pasa por la soberanía alimentaria que implica (por encima de los intereses del negocio) una gestión local de los recursos, especialmente de las semillas locales.

Tradicionalmente el campesinado tenía una gestión casi exclusiva de las semillas. Hoy todo está cambiando con la estrategia de la potente industria semillera de controlar el mercado. En África las semillas tradicionales representan el 90 %, en Asia y Latinoamérica, el 70 % y el 80 %, respectivamente: un gran mercado por conquistar. Todo esto explica que la defensa de las semillas locales frente a las multinacionales se haya convertido en un elemento estratégico en la batalla por la soberanía alimentaria. Sin la soberanía semillera, no existe soberanía alimentaria en el Sur. La defensa de las semillas locales no es una cuestión folclórico-cultural de las comunidades. Es el nudo gordiano de la defensa de su derecho de supervivencia.

El Sur se organiza

Esta defensa se realiza generalmente sin estruendo dentro de las asambleas comunitarias, donde se analizan las nuevas leyes de semillas; se organizan la recuperación y multiplicación de variedades en torno a los bancos de semillas; se entretejen redes de defensa de semillas locales.

Así se han organizado por todo el Sur global redes que, además de movilizaciones, promueven la disponibilidad de semillas en torno a los bancos comunitarios, disponibilidad que constituye la piedra angular de la defensa de la soberanía semillera. Estos bancos están en todos los países. Valga el ejemplo de Nicaragua donde la Alianza Semillas de Identidad, que aglutina a más de diez organizaciones, trabaja en la conservación, mejora y uso de semillas locales como cauce para garantizar la soberanía alimentaria. El pasado mes de mayo, esta red organizó un encuentro de bancos comunitarios con el lema Los bancos comunitarios de semillas criollas y acriolladas consolidan la soberanía alimentaria. Su apoyo ha permitido la creación de más de 408 bancos de semillas que involucran a miles de familias campesinas y producen, entre otras, variedades de semillas de maíz, frijol y arroz.

En la India, recordaría la Campaña Global para la Libertad de Semillas lanzada en 2012 por Vandana Shiva. Esa campaña surgió dentro del Movimiento Navdanya (Nueve Semillas) que simboliza la conservación de semillas y su utilización como bien común. Presente en 17 estados de la India, este movimiento ha ayudado a crear más de 111 bancos de semillas comunitarios donde se conservan más de 3.000 variedades diferentes de arroz, 75 variedades de trigo y 100 de mijo.

En África la defensa de las semillas locales está girando también sobre todo en torno a las casas de semillas. Por ejemplo, el foro organizado en 2014 por la Asociación Senegalesa de Productores de Semillas Paisanas, que reunió a más de 300 representantes en Senegal. Procedentes de África Occidental, Europa, la India y Canadá, estas personas consiguieron compartir sus experiencias, sus conocimientos, sus recetas sobre la gestión de los bancos comunitarios de semillas.

La semilla tradicional es un patrimonio de todos, y está alimentando a la mayoría de la humanidad. Aunque está imponiéndose la idea de conservar semillas en el hielo como en la Bóveda Global de Semillas de Svalbard (Noruega), el Sur sigue apostando por la conservación de las semillas de uso alimentario en los campos. La biodiversidad no necesita hielo sino campo donde las semillas puedan seguir adaptándose a las continuas adversidades medioambientales. Conservemos nuestras semillas locales porque, como afirma Vandana Shiva, «la semilla se ha convertido en el sitio y el símbolo de la libertad en la era de la manipulación».

Fidele Pogda
Coordinador del Departamento de Estudios y Documentación de Manos Unidas