Historias de vida en medio de la muerte - Alfa y Omega

Historias de vida en medio de la muerte

La Orden de San Juan de Dios, a través de su campus docente en Barcelona, publica en un libro los testimonios de los enfermeros que atendieron a las víctimas y heridos del atentado del 17 de agosto en Las Ramblas para hacer memoria de «una historia de solidaridad y profesionalidad»

Fran Otero
Un policía y una profesional médica de emergencias trasladan a uno de los heridos el 17 de agosto de 2017 tras el atentado en Las Ramblas. Foto: EFE/Quique García

La Orden de San Juan de Dios, a través de su campus docente en Barcelona, publica en un libro los testimonios de los enfermeros que atendieron a las víctimas y heridos del atentado del 17 de agosto en Las Ramblas para hacer memoria de «una historia de solidaridad y profesionalidad»

Se acaban de cumplir 15 meses desde que Las Ramblas de Barcelona vivieran un tarde trágica después de un atropello masivo que sesgó la vida de 16 personas; un atentado perpetrado por una célula terrorista ligada al Daesh. Queda el dolor por las víctimas de una violencia difícil de entender, pero también una experiencia de profesionalidad, de solidaridad y de entrega a los demás, poniendo incluso en riesgo la propia vida. Y es esta experiencia de vida en medio de la muerte la que ha querido reseñar la Orden Hospitalaria San Juan de Dios, a través Campus Docente Sant Joan de Déu en Barcelona, con la publicación de un libro que recoge los testimonios de los enfermeros que actuaron en el lugar del atentado y también en centros de salud y hospitales. «Cuando sucede el atentado, nuestro grupo de investigación está trabajando en un proyecto sobre enfermeras invisibles; una tarea que nos cuesta mucho porque apenas encontramos fuentes de información. En este contexto, pensamos en las futuras generaciones y en dejarles algo para que ellas sí pudiesen conocer la labor de los profesionales de la enfermería», explica Amèlia Guilera, directora del Campus Docente Sant Joan de Déu, y una de las impulsoras del libro, que ya ha agotado su primera edición [en catalán] y que será traducido próximamente al español. Los fondos recaudados se destinarán a la Unidad de Atención y Valoración de Afectados por el Terrorismo, constituida después del fatídico suceso.

Además del libro, los testimonios están siendo compartidos desde el pasado viernes a través de las redes sociales en los perfiles vinculados a la Orden de San Juan de Dios. Uno de los más impactantes es el de Daniel Martínez, enfermero del Servicio de Emergencias Médicas (SEM), el primero en llegar a la zona tras el aviso y el encargado de coordinar la evaluación de las víctimas. Y, por tanto, obviar la atención a los heridos y centrar todas sus energías en la organización. Fue perfectamente consciente de esto y lo hizo: «Requiere un cambio de chip, que es el que más cuesta, pero eso hizo que aquello fuera lo mejor posible. Lo que más nos gusta es tocar a los pacientes y ver a uno grave en el suelo y no acercarme… Hay una foto que salió en prensa y que a mí me gusta mucho. En la cabecera de Las Ramblas, se ve a un enfermero, su colega Francesc, a un bombero y a un guardia urbano asistiendo a un paciente y yo estoy de espaldas, hablando con mi jefe. Estamos de espaldas a un paciente grave. Claro que quería asistir a aquel paciente y lo veías, que podías provocarle un beneficio, pero la colectividad pasa por delante y te dedicas a hacer más cosas por el bien común».

Francesc Climent, el enfermero que aparece en esa fotografía relatada por Daniel, pertenece al Cuerpo de Bomberos de Barcelona y él sí pudo tocar a los heridos. Auxilió en primer lugar a una mujer alemana que estaba muy grave [fallecería 15 días después del atentado], una atención que quedaría recogida en una famosa foto protagonizada por un camarero del bar Zúrich, que proporcionaba sombra a los profesionales y a la paciente con una sombrilla de su terraza. Mientras la estabilizan reciben con alarma la información de que puede haber tiradores en la zona, por lo que se refugian en una ambulancia y es en ese momento, ya a refugio, cuando Francesc se da cuenta de que se ha dejado el material en medio de la calle, y Santi, un compañero de cuerpo, repta hasta él y lo trae de vuelta. Todavía mantiene en su cabeza las imágenes de lo que vio aquella tarde: «La escena de la parte alta de Las Ramblas no era tan dura, pero la parte baja era prácticamente de guerra, digna de Beirut o lo que fuera…». Pese a todo, se queda con la implicación de todos: Policía, sanitarios, equipos de emergencia y ciudadanía en general. «Recuerdo cómo la gente de los hoteles traía agua e incluso comida y la solidaridad de la gente. Una compañera, Patricia Nubiola, estuvo en una farmacia y le facilitaron todo lo que tenían y más. Me quedo con esto, con lo bueno que podemos sacar de un episodio así», concluye Francesc, que permaneció en la zona hasta las seis de la mañana del día siguiente, después de 14 horas de duro trabajo.

Enfermero y ciudadano

El relato de Albert Tort es igualmente emocionante, aunque él no estaba trabajando ese días. Vive cerca de Las Ramblas y regresaba de la playa. No dudó ni un momento en ponerse a disposición de los demás. Intentó reanimar a un hombre pero fue imposible. Su mujer estaba en el hotel de enfrente y su hermano en otro detrás: «Creo que todos mis conocimientos de enfermería, mi conocimiento científico, se fueron al traste. No sabía qué hacer, la situación me sobrepasó. El hombre había muerto. Ante la incertidumbre de que habría probablemente más gente que me necesitaba, tuve un gran sentimiento de culpa por dejarlo allí, sin poder decirle a su mujer nada. Entré en el hotel y pedí un mantel, porque, claro, no podía marcharme dejando aquel hombre muerto allí y ya está». Y siguió su camino: «Las Ramblas eran como Sarajevo, un Sarajevo con los edificios en pie».

Conmueve asimismo el testimonio de Xavi Pla, que llevaba solo tres meses trabajando en el SEM: «Cuando llegué me temblaban las piernas». La doctora que le acompañaba le dijo que se focalizase en el trabajo e intentó abstraerse de todo lo que sucedía, incluso de la presencia de tiradores. Se decía: «Coge aire y mientras estés con una víctima es ella y ya está, como si fuera cualquier otro servicio. El enfermo es el mismo… trabaja lo mejor que puedas». Este suceso le ha aportado una gran experiencia a nivel profesional pero, sobre todo, a nivel personal, pues «me ha hecho valorar muchas más cosas».

Fran Otero