«Dios no es de ningún equipo: todos somos del equipo de Dios»

«Dios no es de ningún equipo: todos somos del equipo de Dios»

Las reacciones tras la victoria de la selección española en el Mundial de fútbol «refleja la naturalidad con la que muchos deportistas viven hoy su fe»

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
La selección celebrando su victoria en el Mundial de fútbol. Foto: EFE/ Angel Colmenares.
La selección celebrando su victoria en el Mundial de fútbol. Foto: EFE/ Ángel Colmenares.

«El deporte influye en la vida espiritual, y la fe ayuda a vivir el deporte de una manera más plena», afirma Gema Sáez, profesora del Grado en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte de la Universidad Francisco de Vitoria. Además, «Dios no es de ningún equipo: todos somos del equipo de Dios», añade.

¿Qué relación existe entre el deporte y el hecho religioso? 
—A primera vista puede parecer que el deporte y la fe pertenecen a ámbitos distintos: uno atiende la dimensión corporal y el otro la espiritual. Pero la persona es una unidad y todo lo que hacemos afecta a todas sus dimensiones. Por eso, el deporte también influye en la vida espiritual y, del mismo modo, la fe ayuda a vivir el deporte de una manera más plena. 

Acabamos de ver a varios jugadores de la selección española, como Ferran Torres o Rodri, dar gracias a Dios tras ganar el Mundial. ¿Qué hay detrás de esas declaraciones? 
—Creo que reflejan la naturalidad con la que muchos deportistas viven hoy su fe. Cuando alguien acaba de lograr un éxito tan grande o atraviesa un momento muy intenso, aflora lo más profundo de su corazón. Me llamó especialmente la atención que Rodri dijera nada más terminar el partido: «Yo soy cristiano». En esas palabras percibo un profundo agradecimiento a Dios por haberle acompañado hasta alcanzar la mayor meta deportiva posible.  

En el caso de Ferrán, además, hay que tener presente el sufrimiento que ha reconocido haber vivido durante los últimos meses, con las críticas y los problemas de salud mental que incluso le hicieron plantearse dejar el fútbol. Cuando marca el gol de la final y culmina ese proceso, es lógico que sienta la necesidad de dar gracias a Dios por haberle sostenido. 

Despertar espiritual 

¿El deporte se está convirtiendo en un escaparate de ese despertar espiritual que algunos llaman «giro católico»? 
—Yo no hablaría de un escaparate. Lo que está ocurriendo es que se está normalizando hablar de la dimensión espiritual, igual que antes se normalizó hablar de la preparación física, la nutrición o la psicología deportiva. Hoy nadie se sorprende de que un deportista diga que trabaja con un psicólogo. Del mismo modo, tampoco debería sorprender que hable de su fe. Cuando alguien habla de Dios con naturalidad no está buscando exhibirse, sino expresar algo que forma parte de su identidad. Si la fe da sentido a tu vida, ¿por qué ocultarla? 

Gema Sáez, profesora del Grado en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte de la Universidad Francisco de Vitoria. Foto: UFV.
Gema Sáez, profesora del Grado en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte de la Universidad Francisco de Vitoria. Foto: UFV.

Valores como el esfuerzo, la disciplina o el trabajo en equipo, ¿preparan también para una vida espiritual más profunda? 
—Sí. Todos esos valores ayudan a formar a la persona y la preparan para vivir con mayor profundidad su dimensión espiritual. Además, la fe aporta algo muy importante al deportista: le recuerda que su identidad no depende del marcador. No vale más porque gane un campeonato, marque un gol o sea titular. Cuando llegan los éxitos, la fe ayuda a vivirlos con humildad y agradecimiento. Y cuando aparecen las derrotas, las lesiones o las suplencias, ofrece esperanza y sentido para seguir adelante. 

¿Qué aporta concretamente la fe a un deportista? 
—La fe no hace que ganes más partidos ni que juegues mejor. Lo que hace es ayudarte a descubrir que tu valor como persona no depende del rendimiento deportivo. Te sostiene cuando las cosas salen mal y te ayuda a vivir el éxito sin caer en la soberbia. En definitiva, ofrece una identidad mucho más sólida que la que puede dar cualquier resultado deportivo. 

En el equipo de Dios 

Algunos pueden pensar que Dios está de parte de un equipo o de otro. ¿Cómo evitar esa confusión? 
—Dios no quiere que gane un equipo concreto. Lo que quiere es que cada persona descubra que vale por quién es, y no por los resultados que consigue. Lo importante es dar lo mejor de uno mismo en la misión que a cada uno le corresponde, ya sea como entrenador, jugador, titular o suplente. Dios no pertenece a ningún equipo; todos pertenecemos al equipo de Dios.  

Rezar no sirve para ganar un partido, sino para poner la vida en sus manos. En la victoria conduce al agradecimiento y, en la derrota, ayuda a encontrar sentido al sufrimiento y a seguir caminando. Ferran lo expresó muy bien cuando explicó que, después de todo lo que había vivido, sintió que Dios le había sostenido durante el camino hasta llegar a ese momento, llevándonos a todos a la victoria.