Los profesores de Religión «necesitamos sentirnos acompañados»

Los profesores de Religión «necesitamos sentirnos acompañados»

La Escuela de Verano de Salamanca constata que cada vez más adolescentes expresan una búsqueda espiritual y reclama que los docentes se sientan más acompañados

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
Imagen de grupo de la Escuela de Salamanca. Foto: Conferencia Episcopal.
Imagen de grupo de la Escuela de Salamanca. Foto: Conferencia Episcopal Española.

La primera Escuela de Verano del Profesorado de Religión, promovida por la Comisión Episcopal para la Educación y la Cultura de la CEE, celebrada en Salamanca, reunió hace unos días a responsables diocesanos, profesores e instituciones educativas relacionadas con la asignatura de Religión. Hablamos con Marta Nadal, profesora de Religión de Secundaria y Bachillerato en Zaragoza, que participó en el encuentro. 

—¿Cómo fue el encuentro de profesores de Religión celebrado en Salamanca? ¿Qué impresión personal te llevaste?  

—Fue una experiencia estupenda. Era la primera vez que participaba en un foro así y tenía muchas ganas de conocer cómo trabajan profesores de Religión de toda España. Me encontré con un grupo de personas con muchas ganas de trabajar, compartir y aprender unos de otros. La acogida fue fantástica, el clima muy cercano y eso facilitó muchísimo que pudiéramos intercambiar experiencias e inquietudes. Para mí fue una experiencia muy positiva. 

—A la vista de lo que viviste allí y de tu propia experiencia docente, ¿cómo percibes la situación de los profesores de Religión en España?  

— Es una situación complicada. Dar clase de Religión en la escuela pública no siempre es fácil, porque todavía hay compañeros que consideran que la asignatura no debería estar en el sistema educativo y lo expresan abiertamente, no solo delante del profesor, sino también de los alumnos. Yo empecé a dar clase en 2004 y recuerdo que, en aquellos años, se vivía un ambiente especialmente difícil. Llegué a ver campañas de recogida de firmas para pedir la desaparición de la asignatura. Eso no me lo han contado: lo he vivido personalmente y otros compañeros también lo han experimentado. 

Al pie del cañón 

—¿Esa situación ha mejorado con el tiempo?  

—Sí, creo que hoy estamos mejor. Percibo más respeto y una mayor normalización de nuestra presencia en los centros educativos. Eso no significa que hayan desaparecido del todo los comentarios negativos, pero sí que el clima general ha mejorado. Y, mientras sigamos teniendo alumnos que quieran cursar la asignatura, que los tenemos, ahí estaremos al pie del cañón. 

Un momento del encuentro. Foto: Foto: Óscar García Rodríguez.
Un momento del encuentro. Foto: Óscar García Rodríguez.

—Una cosa es la opinión de algunos compañeros y otra la demanda real de la asignatura. ¿Sigue habiendo interés por parte de los alumnos y de las familias?  

—Sí, sigue habiéndolo. De hecho, las sucesivas leyes educativas han puesto más dificultades a la asignatura. En Aragón, por ejemplo, en Bachillerato solo tenemos dos horas en primero y en segundo ya no existe la materia. Además, la nota no cuenta para la PAU y, aun así, no he dejado de tener alumnos desde que entró en vigor esta ley. Eso dice mucho. Hay jóvenes que, a pesar de todas las trabas, siguen queriendo estar en clase

—¿En Secundaria son los padres quienes eligen o son ya los propios alumnos?  

—En Primaria la decisión suele recaer más en las familias, pero en Secundaria cada vez son más los propios alumnos quienes deciden continuar. A veces empiezan porque están sus amigos, pero luego descubren que la asignatura les interesa y siguen por iniciativa propia. Este mismo curso he tenido el caso de un alumno de primero de ESO cuya hermana no cursaba Religión y, sin embargo, él sí quiso apuntarse. Eso muestra que llega un momento en que la decisión es verdaderamente personal. 

—En los medios se habla mucho de un posible despertar espiritual entre los jóvenes. ¿Lo percibes también en el aula?  

—Sí, especialmente a partir de tercero y cuarto de la ESO y, sobre todo, en primero de Bachillerato. En esas edades noto una búsqueda más profunda. Los alumnos tienen necesidad de expresar sus inquietudes, de hacer preguntas y de encontrar un espacio donde puedan hablar con libertad sobre lo que sienten y sobre el sentido de la vida. Últimamente percibo incluso una mayor madurez en este aspecto. 

Trabajo en red 

—En la Escuela de Salamanca se aprobó una declaración final con varios compromisos y peticiones. ¿Qué crees que necesitan más urgentemente los profesores de Religión?  

—Lo que más necesitamos es sentirnos cuidados y acompañados

—¿Por quién?  

—Por las instituciones y por las delegaciones de enseñanza. Muchas veces trabajamos solos en los institutos y colegios, sin un departamento propio, y eso genera una cierta sensación de aislamiento. Uno de los aspectos que más se subrayó en la Escuela de Salamanca fue precisamente la necesidad de crear redes de colaboración para que nadie viva su vocación docente en soledad. Cuando sabes que hay otros compañeros con los que puedes compartir dificultades, materiales y experiencias, el trabajo se hace mucho más llevadero. 

—¿Hubo algún otro aspecto especialmente importante en el encuentro?  

—Sí. También se insistió mucho en la formación permanente. Los profesores de Religión estamos en continua formación, pero la Escuela de Salamanca quiso reforzar esa idea: seguir actualizándonos, profundizando en nuestra preparación pedagógica y teológica y responder mejor a las preguntas que los jóvenes plantean hoy en el aula.