Explotación y rechazo - Alfa y Omega

Es un hecho evidente la relación de la emigración con la pobreza. El Santo Padre, al hacerse eco de esta realidad, manifiesta la relación con las nuevas formas de esclavitud humana, que empujan especialmente a mujeres y niños a la prostitución y al trabajo ilegal. La emigración no tendría por qué discurrir en ningún caso por estos derroteros, pero la pobreza y los engaños de quienes aprovechan la pobreza para traficar con las personas son hoy, dice el Papa, moneda corriente. Es este otro frente ante el que ha de sensibilizarse la sociedad. Nuestra Iglesia, presente en este campo mediante diversas congregaciones religiosas y otras instituciones, reitera la denuncia de esta indigna explotación de las personas e invita a sus fieles y a sus organizaciones a seguir trabajando en este empeño y denunciando estas lamentables situaciones. Publicaciones como la reciente guía pedagógica para la educación y prevención de esta esclavitud del siglo XXI que es la prostitución pueden ser un buen medio para sensibilizar y prevenir.

Se ha avanzado mucho en las actitudes de los cristianos ante la inmigración. Cada vez son más numerosas las personas conscientes de la aportación que los inmigrantes han supuesto y siguen suponiendo para nuestro país. Bastaría fijarse en quiénes son los cuidadores de muchos de nuestros ancianos. Sin embargo, en situaciones como la actual, de un paro tan fuerte, no es raro que haya ciudadanos que vean a los inmigrantes como un problema, «los que nos quitan el trabajo», y que ello pueda dar lugar a que afloren actitudes racistas o xenófobas. La misma denominación de ilegales no favorece una actitud positiva hacia los inmigrantes. La doctrina social de la Iglesia, que nos recuerda los múltiples rostros de la emigración, refugiados, familias, menores, nos invita a ir más allá de una visión puramente economicista de la persona humana. «Se necesita –en palabras del Papa– el paso de una actitud defensiva y recelosa, de desinterés o de marginación –que, al final, corresponde a la cultura del rechazo–, a una actitud que ponga como fundamento la cultura del encuentro, la única capaz de construir un mundo más justo y fraterno, un mundo mejor».

Obispos de la Comisión episcopal de Migraciones
del Mensaje para la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado 2014