El domingo pasado Annia, una de mis hermanas, comenzó un nuevo apostolado en la parroquia de Kawlahena. El párroco está solo y no da abasto para atender a toda la feligresía. Además de ayudarle a repartir la Sagrada Comunión (aquí aún no hay ministros extraordinarios), va a visitar a los enfermos y ayuda en la formación de los jóvenes.

Mientras esperaba a que comenzara la segunda Eucaristía, escuchó a una mujer llorando desconsoladamente. Alguien le dijo que había perdido recientemente a uno de sus hijos. Más tarde el padre Dosmin Raj le explicó los detalles. El muchacho, de 12 años, se había suicidado. Nadie sabe los motivos exactos, pero todo apunta a que la situación familiar está detrás de la tragedia. El padre, que había emigrado a la capital –donde hay más y mejores posibilidades de empleo–, está viviendo allí con otra mujer. Una familia separada por la desigualdad entre el campo y la ciudad. Una familia rota por la infidelidad y por la tragedia de un niño que decidió quitarse la vida. Esta pérdida nos ha dejado a todos consternados: al párroco, a todos los feligreses y también a nosotras, misioneras, que compartimos las alegrías y los sufrimientos de este pueblo y que trabajamos día a día con niños y jóvenes.

Durante toda esta semana, conmovida por lo sucedido, cada vez que entro en clase y contemplo los rostros de mis chavales, me vienen al corazón las máximas con las que crecí: «Me basta que seáis jóvenes para amaros» y «no basta con amar, tienen que sentir que son amados». La adolescencia y la juventud son etapas tan bellas como complicadas. ¡Qué importante es saber acompañar, saber estar! Creer y querer sin forzar, respetando a la persona, su ritmo, su situación. Teniendo la palabra justa para corregir cuando sea necesario pero, sobre todo, para animar, para sacar lo mejor, como hizo san Pablo con Timoteo: «Que nadie te desprecie por ser joven; procura ser modelo de los creyentes en la palabra, la conducta, el amor, la fe, la pureza». Este viernes celebramos al padre y maestro de los jóvenes. Que san Juan Bosco interceda e ilumine a todos los padres y madres de familia, y a todos los que trabajamos por la juventud.

Beatriz Galán Domingo, SMC
Misionera comboniana en Talawakelle, Sri Lanka