Vírgenes consagradas: «Vivimos lo que todos estamos llamados a vivir»
Palencia acoge estos días el encuentro nacional de las vírgenes consagradas, mujeres llamadas «al desposorio con Cristo»
Esta semana tiene lugar en Palencia el encuentro nacional de vírgenes consagradas, una forma de presencia eclesial algo desconocida, pero que está experimentando un repunte de vocaciones. «Es una vocación que está floreciendo a día de hoy», afirma Almudena López, una de las participantes en el encuentro.
—¿Qué es el Orden de las Vírgenes?
—El orden de vírgenes consagradas nació como un grupo de mujeres, las primeras mujeres, de hecho, que siguieron a Jesús en su vida apostólica. Por ejemplo, Susana, María Magdalena y otras mujeres que salen en los Evangelios.
En los Hechos de los Apóstoles aparece el orden de los presbíteros, el orden de los diáconos, el orden de las viudas y el orden de las vírgenes. Son mujeres que tienen un desposorio virginal con Cristo y están llamadas a seguirle de esta manera. Muestran así al mundo su entrega total, como la Virgen María, en su feminidad y su maternidad espiritual.

A lo largo de los siglos, esta forma de vivir la consagración aparece y desaparece porque las mujeres se ven obligadas a reunirse porque no pueden vivir solas, porque están desprotegidas por la sociedad, etc. Entonces aparecen las congregaciones, los carismas y la jerarquía., no siendo así en el orden de vírgenes, ya que dependemos de nuestro propio trabajo, somos autónomas, independientes de todo, porque no vivimos en comunidad, ni para la oración ni para nada. Dependemos totalmente del obispo como primer ministro ordenado que representa a Cristo.
Esposas del Esposo
—¿Qué diferencia hay entonces entre una virgen de este orden y una monja?
—Hoy en día el término monja está mal entendido. Existen dos tipos de vocaciones de vida religiosa y nosotras seríamos la tercera, por así decirlo. Una son las monjas propiamente dichas, monjas conventuales que viven en los conventos y se dedican a la vida contemplativa. Luego están las de vida apostólica, que también llevan hábito y son las que toda la vida conocemos, que están en los colegios, en los hospitales, en las cárceles… Ahora están las nuevas formas de vidas consagradas que tienen carismas nuevos, más propios de hoy en día, muy a la luz del Espíritu Santo.
Las vírgenes consagradas seguimos siendo fieles a la vocación inicial, que es la llamada al desposorio con Cristo. Toda vida religiosa tiene como fin primero el encuentro con el esposo, vivir la esponsalidad desde un carisma propio. Nuestro carisma es, precisamente, ser esposas de Cristo.
—¿Qué servicio particular prestáis a la Iglesia?
—Nuestra forma de vivir esa esponsalidad es lo que da luz al mundo, porque estamos llamadas a vivir en esta tierra lo que estamos todos llamados a vivir en el futuro: el matrimonio escatológico con Cristo, con Dios. Entonces somos luz para el mundo en la medida en la que ya vivimos lo que todos estamos llamados a vivir.
Nosotras no tenemos un servicio específico, sino que nuestra primera misión aparece en nuestro trabajo. Ese es nuestro primer lugar de evangelización. Si luego la disponibilidad de tiempo, las capacidades y las actitudes de cada una dan para hacer otro tipo de pastoral, y el obispo así lo considera, puede pedirnos algo en particular. Si no, simplemente vivimos la colaboración y la pertenencia a una parroquia y a una comunidad viva.
«No hay dos servicios iguales»
—¿Es así para todas vosotras?
—Cada una lo vive de un modo muy distinto, puesto que somos únicos y la forma de vivir la vocación es muy propia de cada una. Puedes encontrarte con una médico que luego hace una labor pastoral atendiendo inmigrantes, por ejemplo, o enseñando español para extranjeros. Son cosas muy dispares, también porque en nuestras profesiones, aunque fundamentalmente estamos más bien vinculadas al ámbito de la educación y de la sanidad, hay de todo. Hay empresarias, banqueras, periodistas, científicas… Entra todo, con lo cual no hay dos servicios iguales.

—¿Cómo os organizáis entonces?
—Nosotras no tenemos un superior directo, sino que dependemos del obispo diocesano. Estamos incardinadas en una diócesis y nuestro único referente es el obispo. Pertenecemos a la diócesis y nos ponemos a disposición de él para su servicio, pero el obispo también es quien se preocupa por nosotras para que no andemos de la mano de nadie. Tiene que ocuparse especialmente de que tengamos una dirección adecuada, un programa de vida, una regla de vida, que sigamos teniendo formación permanente y directamente por nuestra pastoral y un director espiritual.
Luego, en aquellas diócesis que somos más hermanas, nos reunimos periódicamente para tener un encuentro de formación y oración en común. Y una vez al año tenemos un encuentro nacional en una diócesis distinta, con el fin de compartir las diferentes realidades que existen, las diferentes misiones que tenemos cada una.
Una vocación en alza
—Como ahora en Palencia…
—Sí, este encuentro nos sirve para encontrarnos, fortalecer la vocación y recibir un poco de formación permanente. A nivel nacional se nos tiene en cuenta como una de las cinco formas de vida consagrada que existen, y tenemos un obispo referente, que es el que se preocupa por nosotras, pero sin ninguna institución detrás que nos ampare.
—Una última pregunta sobre el tema de las vocaciones: ¿hay actualmente mujeres que deseen entrar a esta realidad en la Iglesia?
—Pues mira, es curioso, porque nosotras no hacemos publicidad ni andamos contando cuántas somos, pero sí tenemos bastantes vocaciones. En este mismo encuentro que estamos teniendo estos días tenemos unas cuantas candidatas que han venido a conocernos, bien porque en sus diócesis no hay otras vírgenes consagradas, bien porque forma parte de su proceso de discernimiento. Hay un despuntar. Hasta hace muy poquito no éramos tantas y somos 5.000 en el mundo, con lo cual sí que es verdad que poco a poco es una vocación que está floreciendo a día de hoy.