Un mundo mejor

Con el lema La salud, derecho de todos: ¡Actúa!, Manos Unidas centra su estrategia para 2012 en la lucha por combatir el VIH/Sida, el paludismo y otras enfermedades, respondiendo al Objetivo de Desarrollo del Milenio número 6. La institución apoya y acompaña numerosos proyectos de desarrollo sanitario basados en una visión integral de la promoción de la salud, conscientes de que sólo así se puede defender realmente a la persona, cuya dignidad no disminuye por el hecho de enfermar

Colaborador

Con el lema La salud, derecho de todos: ¡Actúa!, Manos Unidas centra su estrategia para 2012 en la lucha por combatir el VIH/Sida, el paludismo y otras enfermedades, respondiendo al Objetivo de Desarrollo del Milenio número 6. La institución apoya y acompaña numerosos proyectos de desarrollo sanitario basados en una visión integral de la promoción de la salud, conscientes de que sólo así se puede defender realmente a la persona, cuya dignidad no disminuye por el hecho de enfermar

Un año más tiene lugar la jornada de Manos Unidas con el objetivo puesto en crear un mundo mejor, una Tierra más habitable y un reparto más equitativo de la riqueza. Mientras en Davos el Foro Económico Mundial hablaba de globalización, las grandes masas de población mundial siguen ajenas a los mínimos de progreso. En la periferia de las grandes ciudades millones de personas se despiertan cada día con una sola preocupación, sobrevivir. Por ello, Manos Unidas dedica esta jornada a los más necesitados, con la intención de mitigar, en lo posible, el dolor, la enfermedad o el sufrimiento. Como los siete mil niños que, en Bogotá, duermen en la vía pública y hacen de la calle su casa, cambiando la cama por un montón de cartones.

El hambre, la enfermedad, el analfabetismo constituyen una gangrena que corroe al ser humano. La vida se mide por el amor a los demás, por el brazo tendido y por la sonrisa abierta. Como Guga, el niño que acudía a comer a una casa de la periferia de Calcuta porque, al abrir la puerta, encontraba siempre una sonrisa.

El ser humano necesita para desarrollar sus capacidades, tener un lugar donde cobijarse, poder comer y tener sus principales necesidades cubiertas. La necesidad de alimentarse se hace presente, siendo el hambre una forma de tortura que viola el derecho fundamental del hombre. Con mucho menos del billón de dólares que se gasta en el mundo todos los años en armas, se podría, en gran parte, paliar la falta de escuelas, hospitales, granjas agrícolas, talleres de formación y universidades en los países subdesarrollados.

En la Sede de la Fao en Roma, se reúne cada año la Cumbre de la Alimentación; allí Leopold Senghor, defensor de los derechos humanos, además de hombre de estado y gran humanista, afirmaba poco antes de morir: defiendo una civilización de lo universal que sirva para hacer la Tierra más habitable. Tras las experiencias totalitarias que niegan la dignidad humana y el ejercicio de los derechos y libertades fundamentales, urge establecer un nuevo orden mundial. Para la Fao la pobreza se debe a tres factores: el colonialismo, la mala distribución de la tierra, la falta de tecnología en los países pobres y la pésima gestión de muchos gobernantes. Amartya Sen, Premio Nobel de Economía en 1998, preocupado por los pobres del mundo, cree que es más importante ofrecer igualdad de oportunidades que distribuir riqueza.

Jean-Piaget ha estudiado la psicología del niño y concluye que no puede desarrollarse correctamente si no consigue la madurez afectiva y no tiene proyección familiar en los primeros años de vida. Pedir instrucción a un pueblo que no tiene cubiertas sus necesidades primarias es injusto. Los grandes problemas de la justicia social deben ser solucionados con sólidos y claros principios éticos, sin olvidar que todos los bienes de los que disponemos tienen, como afirmaba Juan Pablo II, una hipoteca social. Son casi doscientos millones de personas las que viven bajo el umbral de la pobreza.

En nuestra memoria, perduran las bellísimas palabras de aquella niña brasileña, componente del Coro Antoniano de la ciudad de Bolonia, respondiendo a la pregunta de un entrevistador que la pedía expresase un deseo: quiero que en mi país los niños no sufran, tengan todos una escuela y puedan comer cada día.

Los diferentes proyectos de Manos Unidas intentan si no solucionar en su totalidad, al menos paliar parcialmente cualquier tipo de carencia o necesidad de la población marginal y subdesarrollada, ya que dos tercios de la población mundial no tienen lo suficiente para subsistir. Igualmente, intentan abrirnos los ojos, conscientes de que pocas familias poseen las riquezas de muchos países.

Manos Unidas sabe transmitir a la sociedad que la solidaridad, la abnegación y la pobreza son valores inmutables que merecen atención. Iberoamérica, el cuerno de África, Sierra Leona, el Congo o Darfur se benefician cada año de los múltiples proyectos. Seamos generosos y ofrezcamos a Manos Unidas no lo que nos sobra sino lo que no nos duele dar.

Soledad Porras Castro