Tres nuevas mártires beatas: «La barbarie de los asesinos fue vencida por la caridad»

El cardenal Amato presidió la beatificación de tres religiosas Siervas de San José en Gerona. El prefecto de la Congregación vaticana para las Causas de los Santos comparó la persecución en los años 30 en España con la que sufren hoy los cristianos en muchas partes del mundo

Alfa y Omega

El cardenal Amato presidió la beatificación de tres religiosas Siervas de San José en Gerona. El prefecto de la Congregación vaticana para las Causas de los Santos comparó la persecución en los años 30 en España con la que sufren hoy los cristianos en muchas partes del mundo

«Personas buenas, buenas que se habían consagrado a Dios para ayudar al prójimo en sus domicilios y en los hospitales». Así definió el cardenal Angelo Amato a las tres Siervas de San José (Fidela Oller, Facunda Margenat y Josefa Monrabal) beatificadas este sábado en la catedral de Gerona. La Misa fue concelebrada por el cardenal Cañizares, arzobispo de Valencia, el obispo de Girona -monseñor  Francesc Artigas- y otros 12 obispos, además de un centenar de sacerdotes.

«No hacían el mal, sino solo el bien», añadió el prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos. «¿Por qué fueron asesinadas? ¿Por qué?», se preguntó.

Amato se refirió al odio a la fe en España en los años 30. «El enemigo de Dios y la humanidad entro en la mente y el corazón de algunos hombres con el veneno del odio y la destrucción para anular a los que hacían el bien: padres y madres de familia, grandes y pequeños, sacerdotes, religiosas y también obispos», dijo.

Las tres nuevas beatas fueron de las primeras víctimas de la persecución en el verano de 1936. «Fueron ejemplares en rezar por la paz y en el perdonar a sus verdugos», destacó el cardenal. «La barbarie de los asesinos fue vencida por la caridad de las tres víctimas inocentes. Los nombres de los perseguidores se pierden en el olvido de la deploración y el deshonor, mientras el nombre de las consagradas se recuerda con respeto y veneración».

El purpurado estableció paralelismos con la situación que se vive hoy en muchos lugares del mundo. Los cristianos son la minoría más perseguida del mundo, destacó el cardenal Amato en la homilía, en la que se refirió a estadísticas que señalan que unos 100.000 cristianos mueren por causa directa o indirecta por su fe.

Los 7.000 euros recaudados a través de las inscripciones para la beatificación se destinarán a proyectos Médicos sin Fronteras y Ayuda a la Iglesia Necesitada para las víctimas de la persecución religiosa en Siria y la crisis migratoria en el Mediterráneo.

Más de 2.000 fieles participaron en la ceremonia de beatificación. Entre las autoridades, destacó la presencia del ministro del Interior, Jorge Fernández; de la presidenta del Parlament de Cataluña, Núria de Gispert; del conseller de Territorio y Sostenibilidad de la Generalitat, Santi Vila, y del alcalde de Girona, Carles Puigdemont.

También estuvieron presentes en la Misa familiares de las tres religiosas, que llevaron al altar ramos de flores con rosas rojas, que representan el martirio, y rosas blancas, símbolo de su consagración como religiosas.

Monseñor Francesc Pardo, destacó que, «para la diócesis de Girona, acoger esta beatificación es un gozo y un hecho histórico. Lo es tanto por nuestra Iglesia como por el conjunto de la ciudad, en la que el Instituto de Religiosas de San José ha estado siempre tan arraigado».

Carmen García, Superiora General del Instituto de Religiosas de San José de Girona, aseguró que «hoy es un día histórico para nuestro instituto. Nos llena de alegría el reconocimiento a la honorable tarea de nuestras hermanas y queremos compartir esta inmensa satisfacción con toda la ciudad, donde desarrollaron buena parte de su labor con absoluta entrega».

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Estas son las tres nuevas beatas

Fidela Oller (Banyoles 1869 – Xeresa 1936)

Sintió la llamada del Señor a los 17 años e ingresó en el Instituto de Religiosas de San José de Gerona. En 1892, emitió los votos. Ofreció su servicio en varios hospitales cuidando a los enfermos con mucho amor y dedicación. Fue superiora en diversas comunidades.

En 1927, con un grupo de Hermanas, fundó la comunidad de Gandía. Destacó por su don de consejo y cercanía, y por su vida de piedad, prudencia y sencillez, siendo un ejemplo para todos.

Perseguida como religiosa y superiora, fue arrestada y martirizada por los milicianos en el camino de Xeresa (Valencia) el 30 de agosto de 1936. Su vida fue una preparación continua, y, ante la llamada apremiante del Señor, madre Fidela respondió con heroísmo a los 67 años de edad.

Josefa Monrabal (Gandía 1901 – Xeresa 1936)

Fue una joven piadosa y caritativa con sus compañeras y con los pobres. Desde pequeña sintió el deseo de consagrarse al Señor pero circunstancias familiares se lo impidieron.

En 1928, ingresó en el Instituto de Religiosas de San José de Gerona. Profesó en 1931, y en 1934, hizo la profesión perpetua. Fue destinada a la comunidad de Villarreal (Castellón de la Plana) para el cuidado de los enfermos a los que servía con mucho amor y dedicación.

Para la hermana Josefa todo tenía gran valor, vivía entregada al Señor y decía: «Me gustaría ser mártir y ofrecer mi vida por la conversión de los pecadores si esa es la voluntad de Dios».

Expulsada con violencia de la comunidad en 1936, buscó refugio en la casa de su hermano en Gandía. Allí, fue arrestada y llevada al martirio junto con la madre Fidela. El Señor la invitó a ofrecer el supremo sacrificio de amor a los 35 años de edad.

Facunda Margenat (Girona 1876 – Barcelona 1936)

Nació en Girona el 6 de septiembre de 1876. En 1894, ingresó en el Instituto de Religiosas de San José de Gerona donde profesó en 1896, a los 20 años de edad. Pasó por varias comunidades siempre al servicio de los enfermos. Fue una Hermana ejemplar, llena de amor y compasión hacia los enfermos, a cuyo servicio dedicó su vida hasta el heroísmo.

Durante la persecución religiosa (1936) vivió en Barcelona. Visto el desorden que reinaba decía a las Hermanas: «Deseo dar la vida por la conversión de estos que persiguen a Dios y a la Iglesia».

Al ser expulsada la comunidad del lugar donde residía, la hermana Facunda permaneció refugiada con la familia del enfermo al que asistía. Fue denunciada por la portera del edificio y allí, la fueron a buscar para conducirla al martirio la noche del 26 al 27 de agosto. El Señor la halló preparada para el encuentro definitivo con Él mientras le servía en el enfermo. Tenía 60 años de edad.

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