«No puedes decir a alguien Dios te quiere, si no le quieres tú»

Madrid estuvo representada en el Congreso de Barcelona por su arzobispo, monseñor Carlos Osoro. Durante esos mismos días, la diócesis organizó la segunda edición de su Curso de evangelización…

Colaborador

Madrid estuvo representada en el Congreso de Barcelona por su arzobispo, monseñor Carlos Osoro. Durante esos mismos días, la diócesis organizó la segunda edición de su Curso de evangelización, con testimonios de personas que anuncia su fe en el día a día

Padre Paulino Alonso, 22 años de capellán penitenciario

NoPuedesDecirAAlguien1«Primero tienes que acercarte a la persona. No puedes decirle a alguien que Dios le quiere, si no le quieres primero tú a él. Luego, ya le proponemos el mensaje de Jesús. Los presos necesitan que alguien los quiera, los escuche y los acoja. Así, van aceptando el amor de Dios. Hay gente que, gracias a la capellanía, ha cambiado totalmente: se han encontrado con el Dios de la vida, e incluso aquí dentro se han sentido libres. Además, se convierten en apóstoles de los demás presos: comparten con ellos lo que han vivido, y les hacen ver que hay que perdonar y acoger».

María José Toraño, enfermera en una UCI

NoPuedesDecirAAlguien2«Los pacientes están abiertos a hablar de Dios. Con los compañeros es más complicado. Yo intento trabajar bien, ayudarlos, manifestar mi fe… Con el tiempo, cuando tienen algún problema, recurren a mí: Tienes enchufe, reza por esto. Yo contesto: Vale, pero tú también. Sólo tienes que hablar con Dios. A raíz de esto, algún compañero se ha planteado recordar lo que aprendió en un colegio religioso y había olvidado. También se ha generalizado llamar al capellán cuando un enfermo va a fallecer, con permiso de la familia. Algunos te lo agradecen mucho. Otros dan un no rotundo, pero yo sigo rezando por ellos».

Beatriz Martínez García, parroquia de San Miguel Arcángel

NoPuedesDecirAAlguien3«Cuando salimos a evangelizar en la calle, es algo gratuito; preparas un montón de gestos de amor que quizá no recoge nadie. A mí no me han pasado historias increíbles, pero sí he tenido conversaciones bonitas, he visto a gente emocionarse… También hay encuentros duros. Pero el balance final es de mucha alegría. Implicarse en las evangelizaciones también está despertando un espíritu misionero en la parroquia. Este verano, hicimos evangelización con niños. Ellos volvieron encantados, y los catequistas y monitores también van teniendo experiencias de hablar de su fe de forma explícita».