Líderes cristianos y musulmanes celebran el primer aniversario del Documento de Abu Dabi

El Papa Francisco espera que las iniciativas que están surgiendo en torno al Documento sobre la fraternidad humanasirva para que surjan más modelos de personas que «encarnan el amor a través de acciones y sacrificios para el bien de los demás», sin importar su religión, etnia o cultura

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Foto: EFE/EPA/Ali Haider

El Papa Francisco espera que las iniciativas que están surgiendo en torno al Documento sobre la fraternidad humana sirva para que surjan más modelos de personas que «encarnan el amor a través de acciones y sacrificios para el bien de los demás», sin importar su religión, etnia o cultura

«En el nombre de Dios que ha creado todos los seres humanos iguales en los derechos, en los deberes y en la dignidad, y los ha llamado a convivir como hermanos»; en el nombre de los inocentes, de los pobres, los desposeídos y exiliados, en el nombre de los pueblos que han perdido la paz, y en el nombre de la fraternidad humana, el gran imán de la Universidad de Al-Azhar, Ahmad al Tayeb, y el papa Francisco «declaran asumir la cultura del diálogo como camino; la colaboración común como conducta; el conocimiento recíproco como método y criterio».

Así comienza el Documento sobre la fraternidad humana, texto histórico firmado el 4 de febrero de 2019, en Abu Dabi, por el Pontífice y por el principal responsable de la principal institución académica del islam suní. Un año después, la capital de los Emiratos Árabes Unidos volvió a acoger el martes un encuentro interreligioso para conmemorar esta firma.

El aniversario se vivió desde la esperanza de «un futuro mejor para la humanidad, un futuro libre de odio, de rencor, de extremismo y de terrorismo, en el que prevalezcan los valores de la paz, el amor y la fraternidad», como sintetizó el Papa Francisco en el videomensaje que envió al evento.

Premio entregado a los rohinyá

El Santo Padre agradeció el apoyo de Emiratos Árabes Unidos al trabajo del Comité Supremo para la Fraternidad Humana, creado como fruto del encuentro y que comenzó su labor en septiembre. Y mostró su esperanza de que el Premio Internacional a la Fraternidad Humana, que presentaba con su intervención, sirva para «animar todos los modelos virtuosos de hombres y mujeres que en este mundo encarnan el amor a través de acciones y sacrificios para el bien de los demás», sin importar su religión, etnia o cultura.

Ya durante el encuentro del año pasado, tanto Francisco como Al Tayeb recibieron de forma conjunta la primera edición del Premio a la Fraternidad Humana. Un año después, monseñor Yoannis Gaid, uno de los secretarios del papa, desveló a los asistentes que este decidió que se dedicara a auxiliar a los refugiados rohinyá en Bangladesh.

Gaid, de origen egipcio, subrayó en un encuentro con los periodistas el papel de los jóvenes para que se alcancen los objetivos del Documento sobre la Fraternidad Humana. Una meta que también necesita «el apoyo de los líderes religiosos y de los medios» de comunicación.

La clave para que la religión sea creíble

Una de las intervenciones estrella durante el foro fue la del patriarca ecuménico Bartolomé, que lamentó que la explosión de fundamentalismos religiosos que se está produciendo en la actualidad facilita «la representación, o incluso la identificación, de la religión con la división y la intolerancia». Pero –respondió– el debate actual no es «entre religión y no religión, sino sobre qué tipo de religión. El resurgir de las religiones, si es una regeneración y una expresión de sus elementos genuinos, siempre ha estado relacionado a su contribución a la reconciliación y la solidaridad».

Hoy en día, continuó Bartolomé, la credibilidad de la religión depende en gran medida de su compromiso con la paz a través del diálogo interreligioso y del «testimonio común» frente a los grandes desafíos contemporáneos, como la lucha contra la injusticia, los fenómenos que socavan la cohesión social, o la tendencia a poner el beneficio como criterio absoluto de la actividad económica. «No se puede traicionar la tierra a favor del cielo», ni la religión absuelve a las personas de sus obligaciones ante el mundo.

«El mundo espera el testimonio de los creyentes»

De hecho, «la fe inspira y fortalece la lucha por una sociedad justa y pacífica, e incluso aporta apoyo cuando parece estar en un impasse», afirmó el patriarca de Constantinopla. Se equivocan, puntualizó, quienes creen que la paz «es el resultado automático del desarrollo económico y cultural, de un nivel alto de vida y del progreso de la ciencia y la tecnología». De hecho, dicho progreso está ocurriendo en paralelo a una forma de actuar del hombre contra la naturaleza y sus congéneres más «violenta y destructiva» que nunca antes. Y, además «no da respuestas a los problemas existenciales más profundos del ser humano, ni los elimina».

Todo ello implica que las religiones tienen, en el mundo actual, un papel protagonista. «El mundo espera el testimonio común de la gente de fe», pues no habrá «paz en el mundo sin paz entre las religiones, ni paz entre las religiones sin diálogo interreligioso». Se trata, según Bartolomé, que libera a los creyentes de la introversión. Y, además, si los distintos credos «actúan como fuerzas de apertura, pueden ser un desafío positivo para que las instituciones seculares y los movimientos humanistas descubran en la fe un precioso aliado para la promoción de la “libertad, la igualdad y la fraternidad”».

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