Para Luis Marín «la mayor de las virtudes es el amor», es decir, «no la caridad teórica sino práctica»
Cuando se cumplen dos meses desde su nombramiento como limosnero pontificio, el arzobispo agustino reivindica que «los pobres nos evangelizan»
A la hora de ser limosnero apostólico, «el centro y el punto de referencia son los más vulnerables». Así se lo ha explicado el español Luis Marín a la prensa vaticana cuando se cumplen dos meses desde su nombramiento como prefecto del Dicasterio para el Servicio de la Caridad. Aquel 12 de marzo asumió este nuevo servicio con «emoción» pero, sobre todo, con «alegría» por poder trabajar para los pobres.

Según el arzobispo agustino, «esta asignación me pone en contacto con el Evangelio y con la caridad concreta». Por lo que ha agradecido «la confianza que el Papa ha depositado». Considera que durante los dos primeros al frente del dicasterio, ha crecido en él «un sentido de responsabilidad» que le impulsa «a dar lo mejor».
Un dicasterio más grande de lo que parece
Sobre su funcionamiento interno, Luis Marín ha revelado que el Dicasterio para el Servicio de la Caridad. es «enorme y muy amplio». Aparte de encargarse de la limosna pontificia, coordina las clínicas para personas vulnerables en la Plaza de San Pedro, las duchas y servicios para personas sin hogar y las ayudas internacionales a zonas en conflicto como Ucrania, Gaza o el Líbano. A lo que se suma la colaboración estrecha con médicos, voluntarios y organizaciones eclesiales que trabajan con los pobres y donde «he encontrado gente buena, gente muy talentosa, muy comprometida, servicial y generosa».
«La mayor de las virtudes es el amor»
De cara al futuro, Luis Marín considera que «los desafíos siempre los plantean los más pobres». Y ha recordado que la caridad debe estar en el centro de la vida cristiana porque «Dios es amor», que es precisamente su lema episcopal. Según el prefecto, «la mayor de las virtudes es el amor», es decir, «no la caridad teórica sino la caridad práctica».

Por último, ha pedido dejar de considerar la vulnerabilidad como una categoría abstracta. «Son los pobres, con rostro, con historia. Es la persona del pobre», reivindica. En consecuencia, «necesitamos acercarnos, mirarlos a los ojos y estar con ellos» porque «los pobres nos evangelizan».