León XIV en el Parlamento: hacer política en vista de la paz, la justicia y la verdad - Alfa y Omega

«¿Puede funcionar el mundo sin política?». La pregunta que el papa Francisco formula en Fratelli tutti puede servirnos como punto de partida para reflexionar sobre el encuentro del Papa León XIV con los miembros del Parlamento Español en el Congreso de los Diputados en la mañana del 8 de junio de 2026.

La buena política

Un acto de gran importancia y que ha causado múltiples reacciones dentro de la Iglesia y de la sociedad española. Hay quien lo considera más que necesario y hay quienes lo ven como poco menos que un sacrilegio. Francisco nos decía que «para muchos la política hoy es una mala palabra, y no se puede ignorar que detrás de este hecho están a menudo los errores, la corrupción, la ineficiencia de algunos políticos. A esto se añaden las estrategias que buscan debilitarla, reemplazarla por la economía o dominarla con alguna ideología». Palabras que no distan de la actual situación política que se vive en España.

Desde el concepto de «buena política», que aparece en Fratelli tutti, que «une al amor la esperanza, la confianza en las reservas de bien que hay en el corazón del pueblo», podemos decir que en el Papa León XIV la defensa de la paz es la prioridad de su visión política. «Paz desarmada y desarmante, humilde y perseverante», como decía en su primera aparición pública pocos minutos después de ser elegido el 8 de mayo de 2025.

Un modo de hacer política, «siempre atento al clamor de los pobres, los necesitados y los marginados, como también a los desafíos que caracterizan nuestro tiempo, desde la protección de la creación hasta la inteligencia artificial», como les decía a los representantes del cuerpo diplomático pocos días después de su elección como Sumo Pontífice.

Paz, justicia y verdad

A ellos se dirigía enfatizando tres palabras: paz, justicia y verdad. Son elementos que, con los matices necesarios de la realidad española, deben estar presentes en su discurso al Parlamento. Una paz que debe ser construida «en el corazón y a partir del corazón, arrancando el orgullo y las reivindicaciones, y midiendo el lenguaje, porque también se puede herir y matar con las palabras, no sólo con las armas», como decía en aquel discurso y que puede aparecer de algún modo en la carrera de San Jerónimo, todavía más si somos conscientes de la crispación que domina muchas de las sesiones.

Junto con ello, el papel de las religiones en la construcción de la paz. En una sociedad donde se quiere restar protagonismo y legitimidad al discurso religioso en el espacio público, donde se insulta sin ningún tipo de filtro, inclusive a cardenales y obispos o al propio Papa, simplemente por defender el Evangelio, este mensaje será de gran importancia, a algunos nos gustaría que fuese algo decisivo, para construir relaciones diferentes, primero entre los políticos y después en el conjunto de la sociedad española. Ante el conflicto, algo que forma parte de la convivencia, asumir como clase política y como sociedad «una sincera voluntad de diálogo, animada por el deseo de encontrarse más que de confrontarse», que decía León XIV al Cuerpo Diplomático.

Es fundamental tener en cuenta la necesidad de la justicia, que lleve a enfrentar «condiciones indignas de trabajo y a sociedades cada vez más fragmentadas y conflictivas». Algo más que necesario en una sociedad cada vez más desigual, donde mucha gente sufre y espera que aquellos a quienes se les ha confiado el cuidado de lo público tomen medidas que beneficien a todos, pero especialmente a los más pobres. El deber de quienes ocupan los escaños de Congreso y Senado es «favorecer contextos en los que se tutele la dignidad de cada persona, especialmente de aquellas más frágiles e indefensas, desde el niño por nacer hasta el anciano, desde el enfermo al desocupado, sean estos ciudadanos o inmigrantes».

León XIV advertía al Cuerpo Diplomático sobre la necesidad de la verdad. Hablaba de palabras que asumen connotaciones ambiguas y ambivalentes, podríamos decir también mentiras. Ante ello, pedía un lenguaje franco, caridad que se preocupe por la vida y el bien de cada hombre y mujer. El objetivo es «afrontar con mayor vigor los desafíos de nuestro tiempo, como las migraciones, el uso ético de la inteligencia artificial y la protección de nuestra amada tierra».

Un amplio espectro que nos puede hacer imaginar el tono de uno de los discursos que más expectativa están despertando en la sociedad española. Las lecturas interesadas y las ganas de arrimar la sardina a su ascua no faltarán. Esperemos que al menos sea escuchado con atención y, en vista de avanzar en el camino de la paz, la justicia y la verdad, sea asumido por una clase política que necesita al menos pensar en sus actitudes, deseos y prioridades.