Antonio Banderas: «Me planteo el encuentro con el Papa como un ser humano que ha encontrado respuestas en la palabra clara, nítida, simple y bella de Jesucristo» - Alfa y Omega

Antonio Banderas: «Me planteo el encuentro con el Papa como un ser humano que ha encontrado respuestas en la palabra clara, nítida, simple y bella de Jesucristo»

El elenco del musical Godspell participará con una actuación especial en la vigilia del próximo 6 de junio. Y el propio actor recitará al Pontífice un texto sobre la unión entre la fe y la cultura durante el encuentro que tejerá redes entre la Iglesia y el mundo de la cultura, la economía, el arte y el deporte de la tarde del domingo, 7 de junio, en el Movistar Arena

Cristina Sánchez Aguilar
Antonio Banderas con su Goya a Mejor actor en la Gala de los Goya 2020
Antonio Banderas con su Goya a Mejor actor en la Gala de los Goya 2020. Foto: Wikimedia Commons / Pedro J. Pacheco.

Actor, director de cine, cantante, productor, guionista y empresario teatral, Antonio Banderas será uno de los anfitriones de la visita del Papa León XIV a Madrid.

El elenco del musical Godspell, producido por el Teatro del Soho CaixaBank, participará con una actuación especial en la vigilia del próximo 6 de junio. Y el propio actor recitará al Pontífice un texto sobre la unión entre la fe y la cultura durante el encuentro que tejerá redes entre la Iglesia y el mundo de la cultura, la economía, el arte y el deporte de la tarde del domingo, 7 de junio, en el Movistar Arena.

Godspell, aclamado montaje dirigido por Antonio Banderas, sobre la versión de Emilio Aragón, ha conquistado al público y a la crítica durante su paso por Málaga y, tras ese éxito, dio el salto a Madrid, donde ha realizado temporada este año.

Concebido y dirigido originalmente por John-Michael Tebelak, con música y nuevas letras de Stephen Schwartz, Godspell es uno de los grandes clásicos de Broadway de los años 70. Inspirado en el Evangelio de san Mateo, el musical aborda valores universales como el amor, el perdón, la caridad y la humildad a través de una propuesta vibrante y emotiva.

—¿Qué sintió al recibir la invitación para recitar un texto sobre la unión entre la fe y la cultura ante el Papa León XIV?
—Reconozco un cierto temor, quizá por pensar que no puedo estar a la altura de lo que me piden. También se agudiza el sentido de la responsabilidad, pero al mismo tiempo pensé que no puedo ser un cobarde y que esto me hace pensar y reflexionar sobre lo que se me pide. En esa reflexión y en ese darle vueltas al asunto, creo que crezco y que voy conquistando espacios dentro de mí mismo.

Un momento del musical Godspell. Foto: Javier Salas.

—¿Vive este momento más como actor, como creyente o como alguien que busca sentido en el arte?
—Lo vivo más que nada como un ser humano que no tiene todas las respuestas a todas las preguntas que plantea nuestra existencia. Me lo planteo como un ser humano que busca y que, a veces, en la Iglesia ha encontrado algunas respuestas, sobre todo en la palabra clara, nítida, simple y bella de Jesucristo.

—En un contexto global marcado por tensiones y polarización, ¿qué puede aportar un acto de cultura del encuentro como este?
—Puede aportar un ejemplo basado en el diálogo y en el entendimiento pacífico entre seres humanos; un lugar de reflexión.

—¿Cree que hoy existe una mayor necesidad de espacios donde dialoguen la fe y la cultura?
—Sí, probablemente sí. Yo creo que el mundo está necesitando reencontrarse con la espiritualidad, con lo trascendente. Esto no significa absolutamente que sea religioso per se, pero hay preguntas filosóficas sobre nuestra existencia que todos los seres humanos nos planteamos a lo largo de nuestra vida, y a lo mejor hemos abandonado esa búsqueda para centrarnos en cosas mucho más terrenales, mucho más inmediatas, y hemos olvidado, de alguna forma, esa búsqueda interna de planteamientos más espirituales y más trascendentales.

—Usted ha transitado muchos registros interpretativos. ¿En qué se diferencia abordar un texto con dimensión espiritual?
—Bueno, pues porque te afecta a otro nivel. Obviamente, a lo largo de mi carrera he interpretado personajes positivos, personajes negativos… De todo ello se aprende. Meterse en la piel de un asesino, por ejemplo, te hace replantearte muchísimas cosas, pero incluso a través de ese tipo de personajes se puede conectar con espacios de uno mismo que te hacen entender el mundo; no justificarlo, no, pero sí entenderlo. Y sí, ha habido momentos en los que he hecho trabajos que se acercan mucho más a ese mundo espiritual y, en la propia reflexión, en la propia búsqueda de entender mi personaje, me he entendido a mí mismo dentro del contexto de la espiritualidad, de lo trascendente. Por lo tanto, sí, siempre en el mundo del arte en general se aprende.

Fíjate que quizá también mucho como director, al dirigir Godspell, que es, de alguna forma, la historia de un Cristo que nos mete en el mundo de la parábola, de los cuentos que nos van contando la realidad de una forma suave, dulce y entendible. Y hacerlo de forma descontextualizada, es decir, no están los doce apóstoles ni todos los personajes que estuvieron, pero uno se acerca de una forma distinta, más moderna. Se va uno planteando la religión a otro nivel, mucho más entendible para la gente joven, para una generación nueva que quizá necesita llegar a los mismos lugares por caminos diferentes.

Antonio Bancderas
Foto: Javier Salas.

—¿Puede el arte abrir caminos hacia la trascendencia incluso para quienes no se consideran creyentes?
—Hacia la trascendencia, desde luego que sí; a la espiritualidad también. Otra cosa es que el arte abra los caminos de la fe, que también se puede dar, porque todo lo que nos ocurre a los seres humanos, o casi todo, viene de la propia reflexión entre nosotros mismos, en un diálogo constante que tenemos con nosotros mismos y con aquellos que nos rodean. La literatura, por ejemplo, ofrece una interiorización de los personajes y de la vida muy profunda, pero también lo hace la música. Cuando uno escucha el Réquiem de Mozart, siente que se eleva espiritualmente, que llega a lugares a los que, a lo mejor, si eso no existiera, no llegaría. La música tiene ese don: el de contarnos que hay una especie de armonía universal que se puede reflejar a través de vibraciones, de instrumentos y de colocar un cierto orden alrededor de todo eso. Y te hace conectarte con mundos muy sutiles y que pertenecen a estados superiores de conciencia.

—¿Qué papel tiene la belleza —tan presente en el arte— en la experiencia de lo sagrado?
—La belleza no es el único objetivo del arte; es uno de ellos, pero no siempre. Yo creo que la búsqueda de la verdad es el objetivo fundamental de la obra artística. Lo que pasa es que, a través de la belleza, se puede llegar a lo sagrado; a través del arte se puede llegar a Dios. Pero claro, la idea de Dios, incluso para los que somos católicos, no es una idea monolítica y única. El papel de Dios puede jugarse desde la conciencia del «yo» de muchas formas. Hay una serie de reglas que impone, de alguna forma, la Iglesia católica, pero después la forma en la que uno interpreta la idea de Dios yo creo que es todavía muy abierta, muy enigmática, muy misteriosa. Pero es un misterio con el que yo convivo cómodamente. No me genera tensión, sino más bien dulzura.

«Godspell propone llegar a los mismos lugares por caminos diferentes». Foto: Javier Salas.

—En su trayectoria, ¿ha habido momentos en los que el arte le haya acercado especialmente a preguntas espirituales?
—Sí, pero no necesariamente a través de las películas o del teatro que he hecho, aunque también, a veces. Pero más el arte de la Semana Santa malagueña, por ejemplo, que es arte en la calle y donde se unen muchos elementos artísticos. Detrás de la Semana Santa no solamente están las esculturas; todo lo que se desarrolla alrededor de la presentación en la calle de obras de arte, está la música… Se mezclan una serie de diferentes elementos artísticos que sí te elevan a ese estado de conciencia en el que conectas con algo espiritual y más trascendente.

Sí, se ha dado, pero como observador y participante. Yo soy también cofrade y he participado durante muchos años —y sigo haciéndolo— en la Semana Santa de mi tierra. Es un conjunto artístico que toma la calle y hace que nos unamos, que se colectivice el sentimiento, que se haga común a todos nosotros y lo compartamos. Se comparte un compromiso con unas ideas, con una forma de entender la vida.

—¿Encuentra algún paralelismo entre este recital ante el Papa y su trabajo en Godspell?
—Vamos a ver… En lo que diré, yo trataré de contar mi verdad en los cinco minutos que tengo para decirle algo al Papa. De alguna forma, no puedo evitar que esté presente mi manera de entender mi relación con la religión y con lo espiritual, y eso seguro que estaba también en Godspell.

En Godspell traté de no obviar el momento presente de violencia mundial, de confusión; de hecho, lo escribí así en la primera parte de la obra. Y de ver cómo, de pronto, un personaje entra en la vida de estos seres, de estos actores que se encuentran en el escenario, y los dota de una esperanza más profunda que justifique la existencia, que les justifique en sentido positivo la existencia. Por lo tanto, sí, yo creo que lo que voy a expresar allí, de alguna manera, se ha reflejado también en el escenario cuando he dirigido Godspell.

Antonio Banderas en la alfombra roja de los Premios Goya de 2025
Antonio Banderas en la alfombra roja de los Premios Goya de 2025. Foto: Wikimedia Commons / Pedro J. Pacheco.

—¿Qué le gustaría que el público —y quienes vean este acto— se llevaran en el corazón?
—Una posibilidad para los que no creen: abrirse, reflexionar, mirar a la religión no como algo cerrado, rancio, antiguo y cargado de reglas, sino como un espacio para la esperanza y para el entendimiento entre seres humanos.

La Iglesia —y eso lo sabe también la propia Iglesia— ha cometido errores por los que, en muchos casos, se ha visto obligada a pedir perdón. La Iglesia está compuesta por muchos seres humanos que cometen errores, pero también ha hecho mucho por los seres humanos; ha ayudado en muchos casos y ha estado allá donde no han llegado otro tipo de instituciones. Han estado ellos, por ejemplo, en el mundo de las misiones. En muchos momentos, la Iglesia ha aportado cosas muy positivas.

Ha habido momentos históricos en los que la Iglesia se confundía con otra cosa, pero finalmente yo creo que la Iglesia ha encontrado —o está encontrando— un punto de conexión con los necesitados, con la gente que realmente necesita de una amiga. Yo creo que eso se está produciendo. El papel que cumplió el papa Francisco fue muy importante: acercarse a esos colectivos sociales más necesitados en el mundo entero. Y creo que el papa León XIV también está en esa misma línea de reflexión, de acercarse a la gente, de abrirse más, de abrir las puertas, de dejar que entre el aire de lo que ocurre en la calle, para que eso no sea una institución cerrada, monolítica, sin un enganche directo con lo que está pasando en la vida real de las personas.

—Si tuviera que resumir en una idea lo que el arte puede aportar a la fe hoy, ¿cuál sería?
—Yo creo que la idea básica es la reflexión en paz. La reflexión en los espacios artísticos, en paz; la representación de las obras pictóricas, de la música, del teatro, del cine… Es una posibilidad sin cortapisas, incluida la crítica profunda a la religión, que ha de ser admitida y también vista por quienes están dentro de la Iglesia como un punto de reflexión. Eso es lo que aporta el arte.

El arte es una alternativa maravillosa a la violencia. Es una alternativa a la guerra. Es una forma de entendernos desde otro punto de vista completamente diferente. Es una reflexión rodeada de belleza y cargada de profundidad.