León XIV, un Papa contento por ser un madrileño más - Alfa y Omega

Madrid es una ciudad de contrastes, una mezcla de realidades, algo que el papa León XIV ha experimentado desde el primer día de su visita a esta ciudad que «es cruce donde se encuentran los caminos», como decía el cardenal José Cobo, en sus palabras de acogida en el CEDIA, el centro de Caritas Madrid que acoge a personas en situación de calle.

Contemplar los contrastes

Y es que no es lo mismo Caño Roto que la Castellana, no es igual estar a la sombra de «La Cruci» que contemplando el Bernabéu, no se percibe del mismo modo el sufrimiento de los vulnerables que el entusiasmo de los jóvenes, no es la misma cosa un encuentro con un pequeño grupo que alzar la mirada y no ver el final de una multitud que te aclama.

La alegría del Papa se percibe. Alguien que no es muy dado a expresar emociones en público, no dudaba en decir en CEDIA: «Estoy muy contento de comenzar aquí mi visita a Madrid», de hacerlo «como un madrileño más», pues como había dicho Cobo poco antes, «si estás en Madrid, eres de Madrid», que es «ciudad de encuentros, de llegadas, de historias entrelazadas».

Esa misma alegría aparecía en la sonrisa franca de León XIV en cuanto recorría la Castellana en medio de «la juventud de Jesucristo, la juventud de la Iglesia, la juventud del Papa», que le decía el arzobispo de Madrid. La alegría que transmite Godspell, esa forma de decir «bendice a Dios» o «preparar el camino al Señor», a través del arte. Probablemente no sería la primera vez que lo escuchaba Robert Prevost, no en la versión de Antonio Banderas presentada en la Plaza de Lima, pero sí en las muchas otras realizadas desde su creación en 1971 en el país que vio nacer al actual pontífice.

Vidas de gente concreta

Una visita pontificia es oportunidad para que el Papa, siempre bien informado, conozca diversas realidades, pero sobre todo conozca vidas de gente concreta, de personas que agradecen a la Iglesia por ser en su vida caricia del Dios de la misericordia. Como Niurka, la mujer cubana, que embarazada, en gran vulnerabilidad, encontró acogida en el Hogar Santa Bárbara de Caritas. También Khadry, el migrante senegalés, que en medio de la pandemia encontró en la Iglesia un espacio de acogida, y hoy está comprometido con quienes llegan.

Experiencias que el Papa ha agradecido de corazón poder escucharlas, pues a pesar de ser dolorosas, están «llenas de luz, que reflejan, como espejos, la caridad de Dios». Y es que, como decía León XIV, «no es posible olvidar a los pobres si no queremos salir fuera de la corriente viva de la Iglesia que brota del Evangelio y fecunda todo momento histórico», recordando las palabras de Dilexi te.

Esta es la vida de la Iglesia de Madrid, de Caritas, que a través de proyectos como CEDIA, una puerta «pequeña en apariencia, pero inmensa en misericordia», hace realidad la presencia de Dios en medio de nosotros, un Dios que se encarna de modo modesto y que hoy estaría entre migrantes, enfermos, y se haría presente en tantos voluntarios de Caritas y religiosas curtidas en mil batallas, pues muchas veces son ellas quienes nunca abandonan a quienes muchos descartan.

Una juventud diversa

Una Iglesia que se hace presente entre los jóvenes y los anima a «alzar la mirada para no quedar encerrados en lo inmediato ni en la desesperanza», como recordaba el cardenal Cobo. Una juventud diversa y con realidades vitales muy diversas, algunos de ellos marcados por el sufrimiento, para quienes la Iglesia ofrece «caminos de acompañamiento y de vida».

A todos los jóvenes presentes en la Castellana y a los millones que le estaban viendo y escuchando a través de las telas, León XIV les ofrecía el ejemplo de los santos, de modo especial de san Juan Crisóstomo y su amor a la Escritura, de santo Tomás de Villanueva y su amor a los pobres y de santo Toribio de Mogrovejo, el gran misionero en Perú. Palabra, pobres y misión como camino a seguir entre los jóvenes.

Ser humanos como Cristo

También los llamaba al silencio, a la oración, que después llevó a cabo en un momento de Adoración al Santísimo. Se trata de asumir que «somos siempre discípulos», que hay que dar testimonio, ser fieles a la vocación, de ser como cristianos el alma del mundo y así, desde el amor de Dios, ser libres, estar abiertos al futuro y dar una nueva dirección a la sociedad. En definitiva, «ser humanos como lo es Cristo, el hombre perfecto, el Resucitado que comparte con nosotros la historia en todo tiempo».

Quedan por delante días y momentos para compartir una visita que, por lo vivido en el primer día, se vislumbra como oportunidad para crecer en la comunión con el sucesor de Pedro, para promover la unidad a la que nos llama constantemente y hacer realidad esa paz desarmada y desarmante presente en su Magisterio desde el primer día que apareció en la Logia de San Pedro.