Manos Unidas denuncia un nuevo ataque a la Iglesia en Mozambique
La ONG de la Iglesia lamenta que «la misión de Minheune, como tal, ya no existe»
Hace poco más de una semana, la misión escolapia en Minheune, en Cabo Delgado (Mozambique) resultó prácticamente destruida tras un nuevo ataque perpetrado por grupos yihadistas provenientes de la frontera norte del país que linda con Tanzania.
La misión, que en noviembre cumpliría diez años de labor pastoral y de desarrollo, tenía previsto celebrar este aniversario que iba a ser de alegría y convivencia. Pero el ataque ha trastocado los planes. «La misión como tal, ya no existe. Y la iglesia, construida hace 80 años, que es la más antigua de la zona, está quemada y semiderruida», ha denunciado Manos Unidas en una nota.

«Queríamos celebrar ese aniversario, el jubileo de nuestra iglesia, y no sabemos cómo vamos a hacerlo», asegura el padre Jesús Elizari, superior de la Provincia escolapia de Emaús (España-Mozambique). «Con los ataques la gente huye y muchos ya no vuelven. La gente tiene mucho miedo», añade.
Ayuda de emergencia
«Esta vez nos avisaron y gracias a Dios, la gente puedo escapar», relata Elizari. «Los atacantes bajan cada vez más desde la frontera con Tanzania y, si nadie lo para, habrá incursiones en otras provincias», abunda en conversación con Manos Unidas.
El escolapio señala que «estamos muy desorientados y no sabemos bien cómo actuar. Ya nos hemos acercado a evaluar los daños y en unos días veremos cómo proceder. Estamos pensando en que quizá podamos utilizar el remanente de esos proyectos para ayuda de emergencia».
Riquezas naturales
El de Cabo Delgado es un conflicto que se disfraza de fanatismo religioso, pero que tiene detrás un trasfondo mucho más material. «Se habla de yihadismo, y yo no digo que los que atacan no tengan esa tendencia. Hay motivaciones que van más allá: quieren echar a la gente de sus poblados y quedarse con las tierras», denuncia el padre Elizari. «Y nadie hace nada», lamenta.
Hace años, la comisión Justicia y Paz de Mozambique explicó en un comunicado que detrás de esta guerra hay una causa más económica: el descubrimiento de gas natural y a la explotación de riquezas naturales —rubíes, oro, maderas preciosas—, en paralelo a los negocios ilegales de tráfico de drogas.