En un gran restaurante nos sirvieron lirio de un día, una flor comestible. Hemerocallis es la denominación original, que significa belleza de un día. Es el nombre que suena por detrás de la flor, que amanece con el sol para morir con él. Pero, ¿acaso pueden nuestros ojos asumir otra belleza que la que cabe en una jornada? Solo podemos alimentarnos de la hermosura que está dispuesta a morir, y solo cuando muere. Solo, entonces, asimilamos su verdad.
Por eso, las artes más fungibles alcanzan más corazones. La música supera a la pintura o a la escultura, porque al morir la canción su belleza se entierra en las entrañas humanas para resonar cuando la vida la invoca. Pero la belleza plástica se eterniza en los materiales abandonados en el museo. Por lo mismo, es mejor la poesía oral, porque el poema no es lo que está escrito sino la música que vibra en sus versos, que permanece cuando el poeta enmudece y sigue su camino en el lector.
Así, no es extraño que Salvador Sostres, con lo bien que escribe, huya del libro que le han publicado (Todo irá bien, More, 2022). Hay otra clase de periodistas esforzados que cincelan cada columna, a la caza de la gran belleza. Salvador tiene talento e inteligencia, pero sobre todo tiene duende. Escribir no es para él un juego de exhibición. No escribe para demostrar, por mucho que demuestre cuando escribe. Talento e inteligencia en él sirven a la música, a la sangre, al ritmo de la vida y de la muerte. Si dice verdad es porque habla de verdad, porque se la juega. Él quema las naves y agota sus posibilidades en la verdad que quiere decir. Si se equivoca está muerto. Si acierta también. Muere en cada artículo porque apura la verdad hasta que no queda nada para él. No se guarda para el día siguiente. Por ello, para él escribir es lo mismo que Maria, su hija. Porque los hijos exigen la propia vida. Él gasta su tiempo por ella; él muere y ella nace. La verdad es primero descendiente. Tener un hijo es gastarse y desgastarse. Lo demás son mascotas.
Por ello, Sostres huye de su libro. No lo quiere dedicar ni presentar. No habla de ello. Y se siente incómodo cuando lo tiene delante, como quien ve su propio cadáver. No se encuentra bien con él, porque no se encuentra en él. Podremos hallar los demás hermosa la selección de artículos que ha hecho More, porque sin duda son sus mejores escritos; pero ya no le hallarán a él. Él nunca quiso escribir un libro.