Gentes: Antonio Hernández-Gil, decano del Colegio de Abogados de Madrid (en ABC) - Alfa y Omega

Es difícil encontrar otro plan más ambicioso para superar este estado de cosas que la doctrina social de la Iglesia católica. Dice Benedicto XVI que hay que «extender el modelo familiar de la gratuidad y de las donaciones a una dimensión universal. La sola justicia no es suficiente. La política y la economía tienen necesidad de gratuidad, de personas capaces de dones recíprocos». En sociedades tan heridas, parece imposible tratar de llegar a quienes nada tienen mediante mecanismos de circulación de la riqueza basados en la aritmética equivalencia de las prestaciones. Es tarea de todos; más, de quienes más podamos.