«¡Ha sido una sorpresa! ¿El Papa que viene a comer donde nosotros? Nos ha cogido desprevenidos, pero ha sido una de las satisfacciones más grandes que te pueden pasar». Estas palabras a Radio Vaticana de Franco Paìni, uno de los cocineros del comedor de los trabajadores del Vaticano, reflejan los sentimientos de todos los trabajadores que, el viernes pasado, vieron cómo el Papa llegaba por sorpresa al lugar donde comen, cogía una bandeja, se ponía en la cola, le servían como al resto –pasta, bacalao, verduras a la plancha y patatas fritas– y se sentaba en una mesa a comer. Todos los trabajadores que quisieron pudieron saludar al Santo Padre, hacerse una foto, e intercambiar unas palabras con él sobre su trabajo, sobre fútbol o economía. «Nos ha preguntado cómo estábamos, cómo trabajábamos, nos ha felicitado… Ha estado muy bien», continuaba el cocinero.