Teología de la descolonización - Alfa y Omega

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, han sido protagonistas de un desagradable cruce de reproches, que acabó con la interrupción del viaje institucional de la primera al país azteca. Este suceso es uno más de los muchos que, lamentablemente, se están produciendo en los últimos tiempos, en que la relación con Iberoamérica se ha convertido en un instrumento más de la polarización que se vive. En la base de este episodio se encuentra la relación de América y España. Un conflicto históricamente latente que se ha intensificado en los últimos tiempos, especialmente desde que el presidente López Obrador solicitó al rey Felipe VI una petición de perdón por parte de España por las desgracias causadas por los conquistadores españoles. Como señala el presidente de la CEE, Luis Argüello, todos estos episodios son el resultado del desembarco de la llamada teología de la descolonización, que cuestiona toda la presencia de España en América, obviando las buenas acciones que se promovieron. No pretendo ahora reivindicar todo lo que los españoles de entonces llevaron a América, desde su cultura y religión, organización política y social, valores civilizatorios occidentales, o hasta la propia lengua. Seguramente que entre los muchos aciertos no faltaron errores. Pero, como dice Hannah Arendt, no podemos ser todos culpables de aquellas cosas de las que uno no ha participado activamente, porque esto solo lleva a alimentar fundamentalismos, leyendas y resentimientos innecesarios. En todo caso, ante el auge de liderazgos políticos de alta aspiración emocional, más valía dejar el protagonismo a la diplomacia, y su exitoso canal de consenso, en lugar de seguir removiendo hasta la saciedad aquello que se ha dado en llamar la verdad de los hechos.