Ante las crisis política, económica y social sin precedentes que afronta Venezuela, Ayuda a la Iglesia Necesitada ha decidido dedicarle su tradicional campaña de Navidad

En los últimos años, casi cinco millones de personas han abandonado Venezuela. Muchas de ellas –en torno a 300.000, de acuerdo con algunas estimaciones– lo han hecho rumbo a España, pero sobre todo a países vecinos como Colombia. Dentro de sus fronteras, el 60 % de la población busca comida en la calle y siete millones de personas necesitan alguna forma de asistencia humanitaria, de los que 3,2 millones son niños.

El coordinador humanitario adjunto y jefe de la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) en Venezuela, Samir Elhawary, lamentaba hace unos días, en declaraciones a la agencia Europa Press, que faltan «acceso a alimentos y apoyo nutricional, agua segura, medicamentos y atención médica, apoyo educativo y protección, especialmente para mujeres, niños y adolescentes en movimiento». También alertaba de que el año 2020 no pinta mejor, puesto que la situación no tiene visos de solución y faltan recursos.

Ante esta crisis política, económica y social sin precedentes, quizá algo opacada en los últimos meses por su prolongación en el tiempo y por las revueltas en otros puntos de la región, Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN) ha decidido dedicar su tradicional campaña de Navidad al país suramericano. Se trata de rezar por la Iglesia que peregrina en Venezuela y apoyarla económicamente, cada uno en la medida de sus posibilidades.

También se trata de recordar que, al igual que han hecho siempre, sacerdotes y religiosos dan respuesta a las necesidades espirituales de la población y apelan con su testimonio a la reconciliación, pero ahora han multiplicado sus esfuerzos asistenciales. Con la ayuda de un laicado muy comprometido, afrontan las carencias materiales de sus comunidades, proveyendo alimentos, medicinas y productos básicos, sobre todo a los más débiles. Las parroquias, tal y como relata Alfa y Omega esta semana, se han convertido en punto de encuentro, en comedor y dispensario, en una luz en medio de la oscuridad. De la mano de esta fundación pontificia, recordemos a los venezolanos que estamos a su lado… Para que no se apague la llama.

Alfa y Omega