A pesar de esta incertidumbre por el desplome de la publicidad y de los ataques de una y otra trinchera, en estos días se está viendo mucho y muy buen periodismo

Los medios se encuentran hoy en una encrucijada: el coronavirus y el confinamiento han aumentado la demanda de información, pero las cuentas no salen por el desplome de la publicidad. De acuerdo con un reciente trabajo del Instituto Reuters para el Estudio del Periodismo, el 74 % españoles han recurrido a ellos para informarse sobre la pandemia y, según Comscore, las principales webs de noticias han registrado subidas históricas estos meses. Pero solo en marzo –cuando apenas se declaró el Estado de alarma–, la inversión publicitaria cayó un 30 % respecto al año anterior conforme a los datos de i2p. En este contexto, en el que además se han intensificado los bulos, florecen supuestos informadores que no son más que intoxicadores y muchos solo buscan el clic, se suceden los ERTE en las ya de por sí maltrechas redacciones. Y unas cuantas cabeceras están introduciendo a marchas forzadas distintos modelos de suscripción, sin tener muy claro cómo responderá un lector malacostumbrado al todo gratis.

A pesar de esta incertidumbre y de los ataques de una y otra trinchera, en estos días –en los que se han reducido las coberturas de carril y han aumentado los temas propios– también se está viendo mucho y muy buen periodismo. En los medios aparecen «historias que nos ayuden a no perder el hilo entre las muchas laceraciones de hoy; historias que saquen a la luz la verdad de lo que somos, incluso en la heroicidad ignorada de la vida cotidiana», tal y como pide el Papa Francisco en su mensaje para la 54 Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, que se celebra este domingo, 24 de mayo.

No se trata de negar la parte trágica de la realidad entre anécdotas y trivialidades, ni de ocultar el mal, que siempre «serpentea» en la historia –en palabras del Sucesor de Pedro–, sino de intentar mostrar la parte bella que esta también tiene. No se puede olvidar ni esconder que en España lloramos a 28.000 muertos oficiales por coronavirus, con nombre, apellidos y familias inmersas en un duelo durísimo. Pero incluso ahí, hay historias que fortalecen «los hilos frágiles de la convivencia». Y tiene que haber quien las cuente.

Alfa y Omega