La Cuaresma es un tiempo para «reconocer qué cosas son las que dejan en nuestro interior una huella buena y más duradera, porque vienen de Dios y sirven para nuestro bien». En su mensaje para este tiempo litúrgico, el Papa pone el foco en las tentaciones que apagan el amor en nuestro corazón y nos llevan a buscar consuelo en falsos ídolos, todo lo cual «se transforma en violencia que se dirige contra aquellos que consideramos una amenaza para nuestras certezas: el niño por nacer, el anciano enfermo, el huésped de paso, el extranjero…». Con los remedios tradicionales de la oración, la limosna y el ayuno, la Iglesia nos ofrece los instrumentos para depurarnos y reconducir nuestra vida. Especial énfasis pone Francisco en la iniciativa 24 horas para el Señor, del 9 al 10 de marzo. Pero también en una jornada de oración y ayuno por la paz el 23 de febrero, a la que igualmente convoca a no creyentes. Porque la Cuaresma no es una especie de tiempo de introspección, sino de reconocer que todos somos indigentes necesitados de Dios, quien «siempre nos da una nueva oportunidad para que podamos empezar a amar de nuevo».

Alfa y Omega