En la plenaria de la próxima semana los obispos no solo tienen que elegir (o renovar) al presidente de la Conferencia Episcopal para los próximos tres años, sino también empezar a tomar decisiones sobre la nueva Ratio para la formación de los futuros sacerdotes, un documento que marcará la vida de la Iglesia en los próximos lustros. Es un texto escrito a muchas manos, con aportaciones desde todo el mundo, y que de forma novedosa ha puesto en práctica esa sinodalidad que impulsa Francisco. Ahora el turno les llega a las conferencias episcopales, reforzadas en su papel, que son las encargadas de adaptar la Ratio a cada contexto. La Santa Sede no quiere que ningún seminario vaya por libre, y el mismo empeño lo pone también al enfatizar la importancia de la vida comunitaria del sacerdote. ¿Uniformidad? Todo lo contrario. El discernimiento es probablemente el término clave en el nuevo proceso de formación de sacerdotes. Se quiere que el seminario no sea un laboratorio de teología cerrado, sino un lugar sensible a las necesidades del mundo que contagie la alegría de transmitir el Evangelio. Mucho de eso se lleva en realidad ya tiempo aplicando en muchos seminarios, pero hay flecos pendientes y alguna vuelta de tuerca que otra que hace falta dar.

Alfa y Omega