El 30 de julio se celebra el Día Mundial contra la Trata de Personas. ¿Qué estamos haciendo como Iglesia? ¿Y nosotras como adoratrices? ¿Se trata de un día o es un compromiso constante? Reflexionando sobre la Profecía frente a la trata, descubro una vez más en la madre Micaela un modelo, y en la congregación el lugar en la Iglesia donde desarrollar y secundar la invitación del Papa Francisco de transitar estas periferias para acabar con la trata. Desde 1845, la misión de la congregación es la liberación y la integración personal, la promoción y la reinserción social de las mujeres víctimas de diversas formas de esclavitud, además de la denuncia de la vulneración de sus derechos, el conocimiento de las diversas problemáticas sociales en las mujeres y el análisis crítico de esa realidad.

Profeta significa «hablar en nombre de Dios». Revela la misión de ser su voz, «viva y eficaz» en medio del pueblo, para recordar sus promesas, para orientar, iluminar, censurar y proponer caminos nuevos para la implantación del Reino desde una triple finalidad: denunciar, anunciar y proponer. En la Biblia los profetas son centinelas de Dios, hombres y mujeres de fuerte personalidad y espiritualidad que median y sienten la llamada a una vocación de liberación, a anunciar el año de gracia. Personas que, bajo el impulso del Espíritu, denuncian lo que está sucediendo y transmiten una llamada continua a la transformación personal y social. Su misión es discernir la voluntad de Dios sobre el presente, para proyectarlo a un futuro de esperanza y de salvación, sin olvidar que la misión trae consigo contrariedades y cruces, pero Jesús protege y fortalece.

Me alegra que la congregación hoy en sus proyectos, con las personas que los llevamos a cabo, seamos profetas que estamos siendo fieles a la llamada de Dios, esa llamada que nos lanza a seguir siendo también fieles a nuestra misión: ser la voz de Dios con las mujeres que sufren las injusticias de estar en las periferias; hacer incidencia política contra la trata de seres humanos y proponer caminos de liberación, siguiendo la llamada que nace de una experiencia fuerte de Dios.

Ana Almarza
Religiosa adoratriz. Proyecto Esperanza