Queridísimo Vicente: recibe un beso, como siempre nos lo dábamos. Llevamos diez años sin poder disfrutar físicamente de ese beso cariñoso, de tu presencia, risas, y manera de ser.

¡Otra vez el 11-M! Aunque hablamos todos los días, muchas veces, no quiero dejarte sin unas letras en estas fechas, e informarte de lo más importante que nos ha sucedido en estos últimos años: la Primera Comunión de Julia, nacimientos de Vicente y María, tan queridos y deseados por María y Fausto, y la ordenación diaconal de Fausto… ¡Cuántas gracias tenemos que dar a Dios y a la Santísima Virgen! ¡Cuánto nos quieren!

Sé que el día de la ordenación, nos acompañasteis desde el cielo, don Eugenio, amigo querido, Pablo y tantos seres queridos que ya disfrutáis de la presencia de Dios. ¡Qué contento estaría Pablo Domínguez! Él, con la ayuda de Dios, orientó y ayudó a Fausto en esta vocación de servicio a la Iglesia y a sus hermanos, en comunión con la jerarquía, obispo y presbíteros.

De nosotros te diré: mamá sigue con sus cosas, con tu… ausencia. No deja de decir, con orgullo de madre: «Mi hijo está en el cielo». Me dice: «Cuando nos marchemos, saldrá Vicente a recibirnos».

Janyn y Maxi siguen en su línea. Tan pendientes de Ana y Julia, como siempre. Te recuerdan mucho. Te tienen muy presente en el recuerdo, en tus cosas y, especialmente, en la oración. Sé, por Antonio, que todos los días habláis. Está convencidísimo de que estás mejor que nosotros. ¡Cuánto siente tu ausencia como hermano y amigo! Se apoya en Andrea y Marta, que están creciendo contigo por todo lo que hablan ellas y Antonio de ti.

Fausto sigue tan pendiente de todo y de todos, en especial de sus hijos, mujer y mamá. Al estar tan unido a mí, cuando lo necesito me echa una mano. Está convencidísimo de tu felicidad, al disfrutar de la resurrección de Cristo.

Como ves, querido Vicente, quedas informado de lo más importante que nos ha ocurrido en estos últimos años. La verdad, no sé por qué tanta información, cuando sé que desde el cielo estás informado y cuidas de nosotros.

Por último, te diré: el día 4 de enero celebramos nuestras Bodas de Oro. La Eucaristía, celebración de la renovación de las promesas, y la homilía de Fausto, fue muy emotiva. Todo se hizo como a ti y a mamá os gusta hacer en las fiestas familiares. Nos acompañaron en la celebración y comida Avelino, José Andrés, Ignacio, Alfonso y Fernando. Nos acordamos mucho de ti…

La fe nos dice que estás mejor que nosotros. Nos lo trasmites. ¡Lo palpamos! A pesar de todo, hubiésemos querido que nos acompañases físicamente. ¡Hay que estar con la familia en estas ocasiones! ¡Pero cómo ibas a estar, si no te dejaron despedirte de nosotros!

Vicente, te dejo. Seguiremos hablando, como siempre y diariamente, ante el sagrario.

Te quiero. Papá.

Fausto Marín
Diácono permanente de la archidiócesis de Madrid