¿Por qué el nuevo representante ante la ONU ocupará uno de los puestos más estratégicos de la Santa Sede? - Alfa y Omega

¿Por qué el nuevo representante ante la ONU ocupará uno de los puestos más estratégicos de la Santa Sede?

León XIV envía a Nueva York a un diplomático curtido en Oriente Medio en un momento en el que la voz del Vaticano intenta influir en cuestiones como la paz, la inteligencia artificial, las migraciones o el desarme

Cristina Sánchez Aguilar
El arzobispo Christophe-Zakhia el-Kassis
El arzobispo Christophe-Zakhia el-Kassis es el nuevo observador permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas en Nueva York. Foto: OSV News / Cortesía de la Misión de Observador Permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas.

La Misión Permanente de la Santa Sede ante Naciones Unidas no negocia acuerdos comerciales ni pertenece a ningún bloque geopolítico. Tampoco vota en la Asamblea General. Sin embargo, interviene de forma constante en algunos de los debates más delicados del planeta.

Por eso, el nombramiento del arzobispo Christophe Zakhia El-Kassis como nuevo observador permanente ante la ONU no solo es un relevo diplomático.

Nacido en Beirut en 1968 pertenece a la Iglesia maronita, una comunidad acostumbrada desde hace siglos a convivir con el islam y a sobrevivir en uno de los escenarios más inestables del Mediterráneo. Ingresó en el servicio diplomático de la Santa Sede en 2000 y ha desarrollado prácticamente toda su carrera lejos de Europa: Indonesia, Sudán, Turquía, Pakistán, Emiratos Árabes Unidos, Yemen y la Península Arábiga. Destinos que exigen una diplomacia marcada por el diálogo interreligioso, la mediación, la protección de minorías y la gestión de crisis humanitarias. Habla siete idiomas y combina formación jurídica con una larga experiencia negociadora.

La procedencia de El-Kassis también resulta significativa. Líbano simboliza desde hace décadas tanto la posibilidad de convivencia entre religiones como la fragilidad política de Oriente Medio.

Una diplomacia sin poder… pero con autoridad

Desde 1964 la Santa Sede mantiene el estatuto de observador permanente ante Naciones Unidas. No puede votar resoluciones, pero sí intervenir en la Asamblea General, participar en las grandes conferencias internacionales y presentar propuestas.

Durante décadas la agenda de la Santa Sede en la ONU estuvo asociada principalmente a la defensa de la paz, los derechos humanos, la libertad religiosa o el desarme nuclear.

Hoy el panorama es mucho más amplio. Solo durante las últimas semanas, la misión permanente ha intervenido en debates sobre el desarrollo sostenible, el sida, la protección de la infancia en los conflictos armados, la ayuda a los refugiados palestinos, la mediación en Oriente Medio y la gobernanza internacional de la inteligencia artificial.

Cinco frentes que marcarán el trabajo del nuevo observador del Vaticano ante la ONU
  • Gaza y Oriente Medio: impulso al diálogo y protección de los civiles.
  • Ucrania: defensa del derecho internacional y de una paz negociada.
  • Inteligencia artificial: desarrollo de una gobernanza ética global.
  • Migraciones: protección de los derechos de desplazados y refugiados.
  • Desarme nuclear: continuidad del firme compromiso de la Santa Sede contra la disuasión nuclear y las armas autónomas.

En paralelo, la representación de Ginebra ha situado entre sus prioridades la regulación ética de la IA, advirtiendo de que el desarrollo tecnológico debe orientarse siempre al servicio de la dignidad humana y del bien común.

Esta ampliación de la agenda refleja una intuición que ya impulsó Francisco: las grandes cuestiones tecnológicas, económicas y medioambientales también son cuestiones antropológicas.

Si Francisco convirtió la ecología integral, las migraciones y la fraternidad en ejes de la presencia internacional de la Santa Sede, León XIV parece querer añadir un nuevo acento: la gobernanza de las tecnologías emergentes —especialmente la inteligencia artificial—, la defensa de la paz y del multilateralismo.