Tu vida vale más que una nota - Alfa y Omega

Querido compañero:

Hay oraciones que se te quedan grabadas. En una de nuestras oraciones en comunidad, escuché algo que no he podido dejar de pensar: «Que cuando lleguen los nervios, recuerdes que tu vida vale más que una nota». Esas palabras, entre lágrimas de incertidumbre y nostalgia, me trajeron hasta aquí.

Escribo esto para ti, que compartiste ese camino conmigo, pero también para cualquiera que sienta que un número va a decidir su futuro. Para quien se juega entrar en Medicina. Para quien llora por las noches sin saber muy bien por qué.

«Un examen no define lo que eres. Solo mide lo que sabías ese día, con esa presión, con ese miedo».

Mi abuelo me decía que los tiempos han cambiado. Que antes, sin carrera, la gente vivía bien y amaba bien. Y tenía razón en algo esencial: da igual lo que estudies, al final vas a vivir igual. Vas a amar, a sufrir, a reírte, a equivocarte. La carrera no trae la felicidad. A veces ni siquiera la acerca. La presión que sientes hoy no es tuya: te la han puesto encima sin pedirte permiso.

Algo habrá que estudiar, sí. Pero hazlo desde el sentido, no desde el miedo. Y aquí está la pregunta que cambia todo: ¿cuál es tu sentido?

  • Si es el dinero, al menos sé honesto contigo mismo y persíguelo.
  • Si es la fama, hay caminos de sobra.
  • Si es el poder, prepárate para cargarlo.
  • ¿Y si tu sentido es amar?

Yo he llegado a creer que ese es el único que no defrauda. Y no lo digo como una idea bonita: lo digo porque hay un Dios que es amor, y que amó primero. El Dios del que habla el Evangelio no pide perfección académica. Pide que ames. A tu familia, a tus amigos, al prójimo. Ese amor de Dios —gratuito, sin condiciones, sin nota de corte— es lo más grande que existe. Y cuando lo descubres, la escala de las cosas cambia por completo. Y aunque no creas, pruébalo. No hace falta estar seguro para empezar. Solo hace falta atreverse.

«Mirad las aves del cielo: no siembran ni cosechan ni almacenan en graneros; y, sin embargo, vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?».

Jesús, Mateo 6, 26

Pon a Dios como meta y verás que la nota deja de ser el centro del universo. No porque los problemas desaparezcan —el mío ahora es sentirme solo en verano, no encajar en la carrera— sino porque con Él nada aplasta del todo. Todo se vuelve más pequeño cuando lo llevas con Él.

Querido joven, sal de ese examen y vive. Confía. No en la nota. En Él. Porque tu vida vale infinitamente más.

Con cariño y oración,

Sevilla, mayo de 2026

A. F. Albi