El Vaticano reitera a los lefebvrianos que ordenar obispos implica «un acto cismático» y la «excomunión»
De producirse nuevas ordenaciones episcopales sin mandato pontificio el 1 de julio tal como están anunciadas, «este gesto constituirá «un acto cismático»», se lee en una declaración del prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe
Nueva advertencia de cisma y peligro de excomunión a los lefebvrianos. El Vaticano ha insistido este miércoles en que «las ordenaciones episcopales anunciadas por la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) no tienen el correspondiente mandato pontificio». Así se lee en una declaración del cardenal Víctor Manuel Fernández, prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe.
Por tanto, de producirse estas ordenaciones sin mandato pontificio el 1 de julio, tal como la FSSPX anunció en febrero, «este gesto constituirá «un acto cismático»». La declaración del cardenal Fernández cita el motu proprio Ecclesia Dei, con el que san Juan Pablo II respondió a la primera ordenación ilegítima de obispos por parte de los lefebvrianos, el 30 de junio de 1988.
El texto también subraya que «la adhesión formal al cisma constituye una grave ofensa a Dios e implica la excomunión establecida por el derecho de la Iglesia». Cabe señalar que se publica después de que Fernández se reuniera con el Papa León, el pasado lunes.
La declaración del prefecto de Doctrina de la Fe concluye asegurando que «el Santo Padre continúa en sus oraciones pidiendo al Espíritu Santo que ilumine a los responsables» de la FSSPX «para que vuelvan sobre sus pasos con respecto a la gravísima decisión que han tomado».
¿Qué ha pasado hasta ahora?
El 2 de febrero, el superior general de la FSSPX, Davide Pagliarani, había comunicado que confiaría a los dos obispos de la comunidad, el español Alfonso de Gallareta y el suizo Bernard Fellay, la tarea de «proceder a nuevas consagraciones episcopales». Serían el 1 de julio, sin la aprobación del Papa.
De producirse, este gesto replicaría la ordenación de cuatro obispos —incluidos Fellay y Gallareta— realizada por Marcel Lefebvre el 30 de junio de 1988. Al hacerlo, incurrió en excomunión latae sententiae.
El 4 de febrero, se anunció que el día 12 del mismo mes tendría lugar un encuentro entre el cardenal Fernández y Pagliarani. En esa cita, el prefecto recomendó claramente a la FSSPX suspender las ordenaciones. Si la Fraternidad aceptaba, se podría iniciar «un diálogo específicamente teológico» sobre cuestiones como el «grado de adhesión» que se exige a los distintos documentos del Concilio Vaticano II.
Esto ayudaría a establecer los «mínimos necesarios para la plena comunión con la Iglesia católica». Y, en función de si los cumplen o no, «delinear» su «estatuto canónico».
«No podemos ponernos de acuerdo»
La contestación llegó el 20 de febrero. En una carta, los lefebvrianos sostenían que no hay espacio para el acuerdo en materia doctrinal. La causa sería la «ruptura con la tradición de la Iglesia» durante las últimas décadas.
«Ambos sabemos de antemano que no podemos ponernos de acuerdo en materia doctrinal». Especialmente «en lo que se refiere a las orientaciones fundamentales adoptadas desde el Concilio Vaticano II», escribía el superior de la fraternidad en la carta.
Y agregaba: «Por lo tanto, no veo cómo un proceso de diálogo común podría conducir a determinar conjuntamente cuáles serían “los mínimos necesarios para la plena comunión con la Iglesia católica”, ya que, como usted mismo ha recordado con franqueza, los textos del Concilio no pueden ser corregidos».