El Papa agradece a Canarias la acogida del buque Hondius y muestra su deseo de encontrarse con los isleños
También ha expresado su preocupación por la violencia en Chad y Malí
El Papa León XIV ha agradecido este domingo a las islas Canarias la acogida prestada al buque Hondius, afectado por un brote de hantavirus, y ha mostrado su deseo de encontrarse con los canarios durante el viaje que realizará a España el próximo mes de junio.
Lo ha hecho al término del regina caeli celebrado en la plaza de San Pedro, donde también ha expresado su preocupación por la violencia en Chad y Malí y ha tenido palabras de cercanía hacia la Iglesia copta y hacia todas las madres en el día que se celebra en Italia.
«He conocido con preocupación las noticias sobre el aumento de la violencia en la región del Sahel, en particular en Chad y en Malí, golpeados por recientes ataques terroristas», ha señalado. En Chad, los enfrentamientos intercomunitarios en la provincia oriental de Wadi-Fira han dejado decenas de muertos y numerosas aldeas devastadas. En Malí, los ataques atribuidos a grupos yihadistas han provocado también un elevado número de víctimas mortales.
Ante esta situación, León XIV ha querido mostrar su cercanía a quienes sufren las consecuencias del conflicto. «Aseguro mi oración por las víctimas y mi cercanía a quienes sufren. Deseo que cese toda forma de violencia e impulso todo esfuerzo por la paz y el desarrollo en esa amada tierra».
A continuación, el Papa ha dirigido unas palabras en español al pueblo canario para agradecer la acogida dispensada al buque Hondius, que ha llegado este domingo a Tenerife bajo estrictas medidas sanitarias tras detectarse varios casos de hantavirus a bordo. «Quiero agradecer la acogida que caracteriza al pueblo de las islas Canarias por permitir la llegada del crucero Hondius con los enfermos de hantavirus».
León XIV ha aprovechado además para recordar su próximo viaje a España, previsto del 6 al 12 de junio, durante el cual visitará Gran Canaria y Tenerife. «Estoy contento de poder encontrarme con vosotros el próximo mes en mi visita a las islas».
El Pontífice ha recordado también la Jornada de la Amistad Copto-Católica, celebrada cada 10 de mayo, y ha enviado un «saludo fraterno» al patriarca copto Tawadros II. Asimismo, ha asegurado su oración «por toda la amada Iglesia copta» y ha expresado su deseo de avanzar hacia la plena unidad entre cristianos.
Por último, el Papa ha dedicado un recuerdo especial a las madres, celebradas este domingo en Italia y en otros países. «Recemos con afecto y gratitud por cada madre, especialmente por aquellas que viven en condiciones más difíciles. ¡Gracias! ¡Que Dios os bendiga!».
El amor de Dios precede a los mandamientos
En su reflexión para este VI domingo de Pascua, el Papa ha vuelto la mirada hacia la última cena de Jesús, al momento en que transforma el pan y el vino en signo de su amor y dice a los discípulos: «Si ustedes me aman, cumplirán mis mandamientos».
A partir de estas palabras, León XIV ha advertido contra una visión equivocada de la relación entre el amor de Dios y la respuesta humana: «Esta afirmación nos libra de un malentendido, es decir, de la idea de que somos amados si guardamos los mandamientos». Al contrario, ha explicado que «el amor de Dios es la condición para nuestra justicia» y que el creyente cumple la voluntad de Dios porque antes se sabe amado por Él.
El Pontífice ha insistido en que «las palabras de Jesús son una invitación a la relación, no un chantaje», y ha recordado que el Señor manda amar «como Él nos ha amado». Se trata, ha dicho, de un amor «fiel para siempre, puro e incondicional», que no conoce «el “pero” ni el “quizá”».
Además, ha subrayado que «cuando amamos verdaderamente a Dios, nos amamos verdaderamente unos a otros», porque «solo quien ha sido amado puede amar». En este sentido, ha señalado que los mandamientos no son una imposición externa, sino «una forma de vida que nos sana de los amores falsos».
Finalmente, León XIV ha recordado que Dios no abandona al hombre en medio de las pruebas, sino que le concede el don del Espíritu Santo, «un aliado que nunca falla», y ha animado a los cristianos a ser testigos constantes del amor de Dios en el mundo.