¡Hasta el infinito y más allá! - Alfa y Omega

Estuve hace poco visitando el yacimiento arqueológico de Tiermes, en Soria. Tiermes (Termes, en latín) era un asentamiento celtíbero que, tras su conquista por Roma, se convirtió en una importante ciudad romana, un nudo de comunicaciones con una dinámica vida comercial y cultural, a la vista de los restos de sus inmensos foros, acueductos y termas. En un punto de la visita, el guía nos hizo observar los restos de unas imponentes viviendas apoyadas y parcialmente excavadas en la roca. «Estáis viendo», nos dijo, «dos momentos históricos congelados en el mismo lugar: la parte alta es lo que queda de las casas originales, en un tiempo de confianza, crecimiento y expansión; y, la parte baja, tapiada con inmensos sillares, es de dos siglos después, cuando en un contexto de miedo, inseguridad y contracción, las casas devinieron parte de la nueva muralla defensiva». ¡Restos de movimientos de sístole y diástole, de apertura y de cierre, de siglos diferentes en un mismo espacio

Estas últimas semanas está siendo noticia la increíble misión espacial de la NASA, Artemis II, que por primera vez en la historia ha logrado poner en órbita lunar, de manera programada (la epopeya del Apolo 13 es otro cantar) a una tripulación de astronautas. Las crónicas, imágenes y vídeos que se han ido emitiendo desde la nave han conmovido, por su belleza e inteligencia, a todo el mundo. Máxime cuando la última vez que la NASA había enviado a cosmonautas más allá de la órbita terrestre fue en la misión del Apolo 17 en 1972, en un momento histórico en el que Estados Unidos no solo luchaba con todas sus fuerzas para derribar el telón de acero (cuya expresión máxima era el infame Muro de Berlín), o los muros de la segregación racial y discriminación sexual en su propio territorio, sino que, como estandarte de los sueños de la humanidad entera, trataba de expandir las fronteras del conocimiento humano a través de la exploración espacial.

50 años después, Estados Unidos ha entrado en una espiral aislacionista diametralmente opuesta. Preso de la delirante ensoñación de recuperar una supuesta grandeza perdida, el movimiento MAGA (Make America Great Again, Hagamos que América vuelva a ser grande) ha emprendido una cruzada seudorreligiosa e hipernacionalista para limpiar su país de «indeseables», a través de una violencia institucional sin precedentes por parte del ICE. En esa misma línea, la arbitraria imposición de aranceles y represalias comerciales a los países que no se pliegan a los deseos de la nueva administración, el desprecio injusto y desmemoriado a sus hasta ahora aliados occidentales de la OTAN, las nada discretas injerencias en campañas electorales internas para promover a candidatos antieuropeístas y nacional populistas de su gusto, el aplauso a autócratas sanguinarios junto con la despiadada crítica a Gobiernos democráticos o la entrada en una absurda guerra con Irán que, para más inri, no ha hecho más que empeorar la situación en Oriente Medio (y en todo el mundo en general), entre otras muchas cosas más, han provocado una pérdida del crédito internacional y de la popularidad de Estados Unidos que era sencillamente impensable hace solo unos pocos meses.

Por ello, son tan sorprendentes —y un necesario soplo de aire fresco— las declaraciones llegadas del espacio exterior por parte de la tripulación del Artemis II. «Créannos, se ven increíbles, se ven hermosos, y desde aquí se ven como una sola cosa. Somos todos homo sapiens, sin importar de dónde vengas ni cómo te veas», decía en un mensaje a la Tierra el astronauta Victor Glover, que continuaba así: «Llamamos hazañas extraordinarias a los logros humanos por una razón: porque nos unieron y nos demostraron de lo que somos capaces, no solo dejando de lado nuestras diferencias, sino también uniendo nuestras fortalezas para alcanzar algo grandioso». Y finalizaba así: «En todo este vacío, esto es un montón de nada, esto que llamamos universo. Ustedes tienen este oasis [la Tierra], este hermoso lugar en el que podemos existir juntos».

Al igual que en el yacimiento arqueológico de Tiermes, en Estados Unidos coexisten hoy las mismas dos tensiones, la de apertura y la de cierre, que también afectaron dramáticamente en su momento al Imperio romano. Por un lado, un miedo que aísla y encierra, que reacciona con violencia ante amenazas reales o (casi siempre) imaginadas. Por otro lado, una confianza que abre y suma, que entiende que el éxito de lo particular es inseparable del destino del todo en el que vive y participa; que sabe que la grandeza no pasa por la abusiva afirmación de la propia visión del mundo, sino por la generosa y siempre creativa capacidad de incorporar al mayor número posible de países a realizar proyectos que amplíen el horizonte de todos. Artemis II es una milagrosa vía que nos puede reconciliar con la mejor tradición de los Estados Unidos, aquella que de forma tan genial sintetizaba Buzz Lightyear en la imprescindible y siempre actual Toy Story (1995): «¡Hasta el infinito y más allá!».