Más ayuda a relajarse un libro que 120 tiktoks en una hora - Alfa y Omega

Más ayuda a relajarse un libro que 120 tiktoks en una hora

El contenido vertiginoso de las redes sociales , lejos de hacernos descansar, nos pone más nerviosos. Cervantes no nos lo haría

Alfa y Omega

Cuantitativamente, al peso, la gente lee más palabras que nunca. Está todo el día rodeada de pantallas llenas de letras y pasa los ratos muertos haciendo scroll en sus teléfonos para enterarse de algún último mensaje que no le interesa. ¿Por qué decimos que no? Porque al día siguiente lo habrá olvidado y, si lo hubiera encontrado útil, lo habría guardado en algún rincón de su memoria. Haga la prueba y respóndase a esta pregunta. Si ayer usted consumió TikTok, algún reel de Instagram o short de YouTube, ¿rememora hoy uno solo? Lo más probable es que no. Más dramático es si le sumamos que, según la Asociación para la Investigación de Medios de Comunicación, los españoles pasan de media dos horas al día consumiendo esos contenidos fugaces. Es decir, tiran a diario dos horas a la basura. ¿No serían más provechosas invertidas en una historia memorable? Por ejemplo, todo el mundo recuerda a Los tres cerditos o Don Quijote de la Mancha porque en sus páginas sucede algo.

Es una premisa muy básica, pero merece ser reivindicada en el Día del Libro y en estos tiempos de lo que se llama «hiperlectura», que no es otra cosa que escanear a toda mecha un océano digital en busca de palabras clave. Algo extenuante que genera dolores de cabeza y que, debido a la superficialidad de la pantalla del móvil, provoca que retengamos la mitad de la mitad hasta creer erróneamente que La Odisea la escribió Sony Ericsson porque en algún sitio vimos el nombre.

La paradoja es que, ansiosos, tenemos a una generación de jóvenes —y también ancianos solos a los que el teléfono devora— que, pretendiendo descansar o distraerse de sus obligaciones, se alteran aún más con estas pildoritas audiovisuales insatisfactorias y enervantes. Siempre en beneficio además de alguien que vive de mostrar, en ocasiones, su falsificada vida, o de engancharnos a la pantalla si es ingeniero de software. El remedio: hágalo más lento, busque un libro en el salón de su casa y lea saboreando.