Como sucediera con Juan Pablo II, la sonrisa de Francisco fue perdiendo brillo en los últimos años a medida que la enfermedad volvía su rostro más inexpresivo. Quizá por eso conservamos en el recuerdo la imagen de un Francisco divertido y bromista en su época de plenitud. Tuve la suerte de poder hablar con él muchas veces, y de aplaudirle en la plaza de San Pedro aquel Domingo de Pascua, víspera de su fallecimiento.
Acabamos de cumplir un año sin Francisco pero a la vez con él, viendo el fruto de sus gigantescos esfuerzos. El comienzo de su pontificado había sentado como un puñetazo en el estómago, cuando trajo al Vaticano cuatro grandes auditoras internacionales para poner orden en las cuentas económicas, los medios de comunicación y el banco del Vaticano (IOR), fuente continua de escándalos hasta entonces.
Como ha señalado Manuel María Bru en su libro El legado del Papa Francisco, se trata de un legado «en construcción», que sigue avanzando a buen ritmo en todas sus líneas maestras de la mano de León XIV. Hace tan solo dos semanas, en una carta a todos los cardenales, el Papa les anunció que el tema de su encuentro los días 26 y 27 de junio será Evangelii gaudium, la exhortación apostólica programática de su predecesor. La presencia de mujeres al frente de dicasterios, como Simona Brambilla en el de Vida Consagrada, o Raffaella Petrini en la Gobernación del Estado del Vaticano, se ha vuelto normal, lo mismo que la participación con voz y voto de 54 madres sinodales entre los 368 miembros de la última Asamblea. La sinodalidad no solo ha sido confirmada por León XIV, sino extendida al Colegio Cardenalicio como mentalidad y método de trabajo en reuniones que van a ser regulares.
El recuerdo y la presencia de Francisco se notan en las comidas con los pobres, que el Papa mantiene con todo cariño, o en su reciente vigilia de oración por la paz, como la convocada por aquel ante la inminente agresión a Siria.
El año con Francisco incluye la visita de León XIV a Canarias para cumplir el deseo de su predecesor, y un viaje a la de Lampedusa el 4 de julio para manifestar igualmente su apoyo a los inmigrantes y a quienes los ayudan, justo el día del 250 aniversario de la independencia de Estados Unidos. Seguimos teniendo un Papa misionero, que añade a la misericordia y la esperanza —grandes temas de los dos jubileos de Francisco— el de la unidad, especialmente necesaria en estos momentos de crispación, alimentada en parte por los grandes señores de las redes y plataformas.
La caridad con hechos y el ver el rostro de Jesucristo en los pobres es el tema central de la primera exhortación apostólica de León XIV, Dilexi te, escrita casi enteramente por su predecesor y que decidió publicar precisamente el 4 de octubre, fiesta de san Francisco de Asís. En la misma línea, León XIV ha incluido encuentros con ellos en cada país de su viaje a África. Y en Guinea Ecuatorial, una visita a la prisión de Bata.
El primer año sin Francisco tiene absolutamente el mismo sabor, que es el sabor del Evangelio. Y sobre la sencilla lápida de la basílica de Santa María Mayor hay siempre una rosa blanca. A veces, León lleva un ramo entero.