¿Qué hacer para promover vocaciones? - Alfa y Omega

¿Qué hacer para promover vocaciones?

El obispo de Mondoñedo-Ferrol, monseñor Manuel Sánchez Monge, ha publicado una extensa e interesante carta pastoral, titulada Una pastoral vocacional entusiasmada. La carta da sugestivas ideas y promueve medidas para suscitar vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. Ante la cercanía del Día del Seminario, el 19 de marzo, su mensaje cobra especial actualidad

Enrique García Romero
Dos seminaristas rezan la Liturgia de las Horas.

La carta del obispo de Mondoñedo-Ferrol sobre la pastoral vocacional, consta de introducción, 5 capítulos, epílogo y un cuestionario final. Monseñor Sánchez Monge reconoce, en la introducción, que «nuestras comunidades cristianas aún no han asimilado el alcance de la crisis vocacional que padecemos, y, menos aún, la responsabilidad de todos para orar y trabajar en la promoción de vocaciones». Y recuerda que nuestra esperanza se funda en «la certeza de que es Dios el más interesado en dotar a su pueblo de pastores según su corazón». Por ello, destaca la necesidad de rezar por las vocaciones como el primer compromiso y el alma de la pastoral vocacional.

Encuentro con el Señor

Monseñor Sánchez Monge explica que la pastoral vocacional está muy ligada a la pastoral de la santidad: «No podemos conformarnos con medianías y mediocridades en el campo espiritual. Mientras no propongamos a nuestros adolescentes y jóvenes un encuentro vivo y comprometido con el Señor, difícilmente surgirán vocaciones al ministerio sacerdotal y a la vida consagrada».

Según el prelado, nos encontramos con unas corrientes de pensamiento y de acción que plasman un hombre sin vocación, que «ni se plantea el sentido vocacional de su vida». Sin embargo, en la juventud surgen «preguntas sobre el sentido de la propia vida y sobre qué dirección dar a la propia existencia».

Monseñor Sánchez Monge señala que es necesario fomentar una cultura vocacional: educar a los jóvenes para que puedan descubrir su vida misma como vocación. Se trata de tomar a los jóvenes en serio, amarles y colocarles ante Dios, para que les pregunte: ¿qué quieres de mi vida?

Todos hemos sido llamados

El obispo explica que la vocación «viene de Alguien y se dirige a alguien». La vida cristiana, en cualquiera de sus formas, tiene una dimensión vocacional: «La vocación no es algo reservado a unos privilegiados». A su vez, las vocaciones son «muchas y diversas, porque las llamadas son ricas y complementarias».

La carta advierte del error de pensar que, para ser llamados por Dios, hemos de ser perfectos, santos: «La fragilidad y las limitaciones humanas no son obstáculo, con tal de que ayuden a hacernos cada vez más conscientes de que tenemos necesidad de la gracia redentora de Cristo».

Por otra parte, el prelado explica que, «en nuestra sociedad y en nuestra pastoral, funcionan dos voces mudas que pretenden configurar el estilo de vida cristiana: el cristianismo de autorrealización y el cristianismo emocional». Pero «para la fe cristiana, la plenitud de la vida se logra en la identificación con Cristo, y no en que Cristo se identifique con nuestros planes previos e independientes de Él y de su misión».

Sólo en la oración se escucha la llamada

Monseñor Sánchez Monge recuerda que «Dios está en el origen de toda vocación; llama a los que misteriosamente lleva en el corazón. Sólo Dios puede tocar el espíritu del hombre y decir con voz potente: Vente conmigo». De ahí la importancia de promover escuelas de oración: «Sólo en el encuentro silencioso y amoroso con el Señor se escucha su llamada».

La carta plantea la necesidad de un «salto cualitativo en la animación vocacional», a través de una «pastoral vocacional de nuevo cuño, evocadora, provocadora y convocadora», que impregne toda la labor de la Iglesia. El proceso vocacional, añade el texto, viene plasmado por cuatro verbos: suscitar, acoger, acompañar y formar a las nuevas vocaciones. En este sentido, destaca que la dirección o acompañamiento espiritual es «un medio muy apto» para ayudar a discernir la propia vocación.

Modelos creíbles y la familia

Monseñor Sánchez Monge explica que el tema de las vocaciones atañe a todos; pero tienen una especial responsabilidad los obispos, presbíteros y consagrados: «Creo que ninguno de nosotros habría llegado a ser sacerdote si no hubiese conocido a sacerdotes convincentes en los que ardía el fuego del amor de Cristo».

Al mismo tiempo, el obispo subraya el papel de los fieles laicos, las parroquias, las familias, y los movimientos y asociaciones juveniles: «El trabajo vocacional radical y primario es el trabajo con las familias», para que sean «capaces de transmitir a sus hijos la lógica vocacional».

Finalmente, la Carta destaca el papel de las escuelas de monaguillos y de los Seminarios mayores y menores para suscitar vocaciones; e impulsa a poner las diócesis y parroquias en clave vocacional.